Este domingo reciente se suscitó un hecho lamentable, y triste, en la explanada del hospital general del IMSS en Ciudad Victoria, con el fallecimiento de un paciente que se quedó esperando la atención médica que le salvara la vida.
De acuerdo a la versión de la esposa, acudió al área de urgencias para buscar ayuda para su pareja, pero le negaron el servicio porque estaban en cambio de guardia. Le pidieron que se fuera a la puerta principal para que lo atendieran en medicina familiar.
Como tampoco le atendieron, desesperada pidió ayuda al 911. Llegó primero el auxilio del personal de la Cruz Roja antes que los médicos del IMSS salieran a atender a su marido. La consecuencia fue fatal: para cuando los paramédicos revisaron al paciente ya era muy tarde. Ya no presentaba signos vitales.
Desde luego qué hay indignación social por el suceso. Es lógico. No hay otra forma de reaccionar como ciudadanos cuando la insensibilidad y falta de compromiso de quienes se han preparado para salvar vidas, terminan causando un daño irreparable.
Si nos ponemos en los zapatos de la familia de la víctima, podríamos entender un poco la impotencia que debe haber sentido, cuando por un lado tenían a su familiar casi agonizando, y por el otro a servidores públicos que no fueron capaces de valorar la gravedad de la situación y actuar en consecuencia.
Para empeorar las cosas, y en un burdo intento por quitarse culpas, el IMSS se apresuró a emitir un comunicado en el que termina por culpar a la esposa, ¡por no haber informado que el paciente iba grave!
Es insólito que muera un derechohabiente porque no lo auxilian oportunamente en las puertas de un hospital, pero también lo es que la instancia médica se quiera librar de responsabilidades, con argumentos tan escupidos como los que esgrimen.
Usted disculpara el lenguaje, pero no hay otra forma de llamarle al actuar del funcionario que redactó el comunicado en cuestión.
Queda claro que alguien debe pagar las consecuencias. No se debe permitir que un hecho de esta naturaleza quede impune.
Es en situaciones como ésta donde deben involucrarse aquellas instancias públicas, y organismos no gubernamentales, que esgrimen la bandera de la defensa de los derechos humanos.
Es el momento oportuno para pasar del discurso incendiario cuando se trata de hablar de los derechos de las personas, a la materialización de la defensa. Tienen frente a si una gran oportunidad para demostrar que esa lucha que tanto pregonan es real.
Y es que, déjeme decirle que está historia de la que hablamos es apenas una de tantas de las que a diario se viven dentro de los hospitales del IMSS, y de las que nunca nos enteramos.
Quizá no en todos los casos el paciente muere, pero no por eso el drama es menor, con enfermos que son obligados a esperar horas antes de ser atendidos, o que sufren maltrato desde el momento en que son ingresados a las áreas médicas.
Tampoco es menor el drama cuando los pasillos del hospital son utilizados para encamar a pacientes porque los cuartos de hospitalización están saturados, o cuando las citas con los especialistas son asignadas hasta con un año de plazo.
Por todo ello, le insisto en que alguien debe pagar por tanto daño la derechohabiencia.
Y es que, es reprochable que haya carencias de infraestructura y de personal, pero resulta más indignante que, por simples procesos burocráticos, como un cambio de guardia, se atente contra la vida de quienes paradójicamente llegan en busca de alguien que se las salve.
¿No cree usted?
El RESTO.
SE FORTALECE. – El proyecto de César, “El Truco”, Verástegui Ostos, se fortalece en la búsqueda de la candidatura del PAN a la gubernatura del estado.
El pasado fin de semana, el panista recibió el respaldo de miles de ciudadanos en Reynosa y en la zona sur del estado, particularmente en Tampico. Recorrió ya prácticamente toda la entidad y el apoyo recibido ha sido multitudinario.
Cuando faltan pocos días para que el PAN tome la decisión, no hay quien le haga sombra a Verástegui.
ASI ANDAN LAS COSAS.






