Han transcurrido dos meses y ocho días de la 65 legislatura local y muchos diputados siguen sin conocer los elementos básicos del procedimiento legislativo.
El tema resulta preocupante, pero también habla del desinterés de los legisladores por capacitarse en una tarea que estarán realizando durante los siguientes tres años, y algunos hasta seis años si es que logran reelegirse.
Las consecuencias de esa ignorancia de la ley la vemos cada semana en las sesiones plenarias y en las reuniones de comisiones, donde los diputados confunden etapas del proceso, y en esa confusión protestan, gritan y acusan sin sustento, como si les asistiera la razón.
De ello hubo ejemplos varios durante la última sesión plenaria, realizada el pasado martes. Se dio el caso de legisladores que reclamaban ofendidos, indignados, que no se les hubiera permitido formular un posicionamiento a una iniciativa en debate.
Alguien tuvo que ir a sacarlos de su error, para explicarles que lo que se votaba no era la iniciativa en sí, sino únicamente la dispensa de turno a comisiones de la misma. Si se hubieran dado a la tarea de leer la Ley sobre la Organización y Funcionamiento Internos del Congreso del Estado, evitarían esas muestras de ignorancia. La ley es tan sencilla, y digerible, que no se requieren de estudios de Derecho para entenderla. Lo único que se necesita es interés por aprender.
El tema cobra relevancia por varias razones, pero sobre todo porque una de las funciones principales de los diputados es la de legislar. Es decir, son los responsables de crear nuevas leyes o bien reformar, derogar o abrogar las ya existentes.
En ese sentido, insisto, tomando en cuenta de que para ser diputado no se requiere ser perito en derecho, lo menos que pueden hacer es leer y aprender lo más básico de la ley en la que están establecidas sus obligaciones, derechos y responsabilidades.
De hecho, mucho del desprestigio que padece la figura del diputado se debe precisamente a que incurren con frecuencia en despropósitos derivados de ese desconocimiento de la ley.
Un buen diputado no es aquel que sube a tribuna a gritonear o insultar a sus pares. Si lo es el que se esmera en documentarse, en prepararse, en sustentar sus argumentos con fundamentos de ley y datos duros.
El día que lo entiendan seguramente veremos menos shows en las sesiones plenarias, y el trabajo legislativo será más productivo.
EL RESTO
OTROS ZARPAZOS. – El golpe por parte de Morena a las arcas del gobierno del estado, con la eliminación de canje de placas, fue muy duro. Dejará de recibir en 2022 alrededor de 560 millones de pesos.
Sin embargo, el daño podría ser menor frente a nuevos zarpazos que los morenistas quieren darle al presupuesto estatal.
Por ejemplo, impulsarán reformas para que el porcentaje de participaciones federales que el gobierno estatal debe entregar a los municipios aumente del 20 al 24 por ciento.
Ese cuatro por ciento de diferencia podría significarle al gobierno estatal, algo así como 750 millones de pesos.
Además de ello, los diputados morenistas apuran una Ley del Fondo de Capitalidad, que obligaría al Estado a asignarle a Victoria el uno por ciento de su presupuesto anual, que representaría alrededor de 630 millones de pesos anuales.
En lo personal dudo mucho que esa ley prospere, por lo menos no para el 2022, pero la intención ahí está.
El gobierno panista está pagando el precio de haber perdido el control del Congreso del Estado.
ALIANZA LEGISLATIVA. – Será hasta mañana cuando se conozca si el PRI hará alianza con el PAN para competir juntos por la gubernatura en el 2022, pero por lo pronto ya tienen una alianza legislativa.
En las dos últimas sesiones, el PRI y el PAN han votado juntos las iniciativas de su conveniencia. Eso es una señal de que, la alianza electoral si va.
ASI ANDAN LAS COSAS.






