La mala fama de las clínicas y hospitales del ISSSTE no es gratuita. Es una fama bien ganada.
La vox populi no exagera cuando dice que, “si vas a atenderte al ISSSTE, es porque vas a morirte”.
La semana pasada tuve que testificar personalmente ese desprestigio ganado a pulso por la instancia de seguridad social del gobierno federal.
Durante dos días presencié el burocratismo, y la ineficiencia y carencia de sensibilidad del personal médico y administrativo de la clínica del ISSSTE de Ciudad Victoria.
Un familiar directo fue ingresado de urgencia con un diagnóstico de trombosis arterial, un padecimiento que puede ocasionar la muerte en cuestión de minutos u horas.
Pese al cuadro clínico que presentaba, y que evidenciaba la gravedad del paciente, la recepcionista lo mando a esperar turno. “Hay cuatro por delante de usted”, le dijo la empleada, pero todavía no terminaba la frase cuando el enfermo entró en crisis. Solo así logró que lo atendieran de urgencia.
Los médicos lo estabilizaron. Le ordenaron una serie de estudios y pidieron que lo revisara de urgencia un angiólogo, el especialista en padecimientos vasculares.
Ahí comenzó el viacrucis. La clínica del ISSSTE no tenía el especialista por lo que había dos opciones: trasladar al paciente al hospital del ISSSTE de Monterrey, o derivarlo a uno de los hospitales de Victoria que contara con el angiólogo.
La opción local fue descartada. Ni el Hospital General ni el Hospital Regional de Alta Especialidad tenían al médico. La única alternativa era el traslado a Monterrey.
Ahí entendí del porque aquello de que, “si vas al ISSSTE , te mueres”. Los pacientes y sus familias se enfrentan a un burocratismo terrible, que desespera, que ofende, que indigna.
“Ya mandamos la documentación a Monterrey para que acepten a su esposo, pero hay que esperar a que nos contesten”, “Mientras no respondan de Monterrey, no podemos hacer nada”, “Entiendo su preocupación y desesperación, pero así es el trámite”, “Tiene usted mala suerte, porque se atraviesan las vacaciones y hay pocos médicos”, fueron algunas de las respuestas frustrantes que escuchó la esposa del enfermo, mientras su marido se enfrentaba al riesgo de muerte.
La respuesta de Monterrey llegó casi ocho horas después. No era la esperada: “la solicitud va mal redactada”, informó el personal médico del ISSSTE de Nuevo León. “Necesitan enviarla de nuevo, con los datos correctos.
Es la única forma de evaluar la situación y decidir si podemos admitir al paciente”, advirtió la funcionaria.
Mientras eso ocurría, el enfermo seguía reportado grave. Su vida estaba en un hilo, pero a los médicos y funcionarios del ISSSTE poco les preocupaba.
Por la mañana del día siguiente llegó una segunda exigencia de Monterrey: “tienen que hacerle al paciente un angiotac. Es requisito obligado para aceptarlo”.
Ese fue otro drama: el único hospital que hace ese estudio es el Regional de Alta Especialidad. Pero hay que esperar turno. No importa que el paciente se esté muriendo. Al final, la intervención forzada de los directivos de la clínica del ISSSTE (por la advertencia de que un desenlace fatal se encuadraría en una negligencia) y la buena fe del director del nosocomio receptor, lograron abrir un espacio.
Decepción y frustración total. Ya con el enfermo en la antesala del área médica, el personal del Hospital Regional se negó a hacer el estudio. “Debieron mandar un médico y una enfermera acompañando al paciente. En el ISSSTE lo saben. No sé porque no lo hicieron”, pretextó un radiólogo. La esposa no pudo más. Estalló en llanto. Le pidieron regresar en la mañana, temprano, pero ya con el médico auxiliar.
Y sí, la señora tuvo que contratar un doctor para que acompañara a su marido, porque la dirección del ISSSTE argumentó que, “no tenemos esa figura de médico de traslado”. El estudio se hizo. Pero lo mandaron incompleto. Se necesitaba que el disco con los resultados fueran interpretados por escrito. Así no servía. Para entonces ya habían transcurrido 48 horas.
Nuevamente, la esposa tuvo que pagar a un radiólogo privado para que descifrara por escrito el disco con los resultados del estudio. Afortunadamente había buenas noticias: de forma milagrosa, el coagulo arterial había cedido con el medicamento.
¿Es usted religiosa?, preguntó el radiólogo. “Espero que sí, porque su esposo está vivo de milagro”, añadió.
Esta es apenas una de tantas historias dramáticas que a diario se viven en las clínicas y hospitales del ISSSTE. El sistema de salud mexicano es denigrante.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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