El 27 de diciembre del 2022, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, volvió a prometernos que, para el 2023 el sistema de salud mexicano, “será como el de Dinamarca”.
El espacio no alcanzaría para enumerar las características del modelo de salud danés, por lo que solo le destaco algunas de ellas, a mi juicio las más relevantes.
Por ejemplo, el sistema de salud de esa nación europea es un modelo de centros y hospitales públicos. Su financiamiento es principalmente público, derivado del pago de impuestos.
En la atención primaria, en más de un 99% de la población, el paciente tiene asignado un médico especialista específico, y tiene derecho a la asistencia médica gratuita del mismo y de otros especialistas médicos, siempre que cuente con una derivación previa del médico.
En lo que respecta a los dentistas, el paciente mayor a los 18 años ha de asumir todos los costos. En situaciones especiales, por ejemplo, bajo nivel de ingresos, estos gastos pueden ser asumidos por la hacienda pública.
Viendo y analizando el sistema de salud de Dinamarca, ¿usted cree realmente que, para diciembre del 2023 los mexicanos tengamos un modelo de atención similar?
Igual que usted, me parece más una broma de mal gusto que un hecho posible.
Sin embargo, estoy convencido de que, por lo menos en el caso de Tamaulipas si tenemos posibilidades de contar con un modelo de salud, tal vez no tanto como el Danés, pero sí muy cercano a sus estándares.
Durante los últimos meses he conversado con algunos médicos y trabajadores de hospitales públicos de Tamaulipas, y la coincidencia es en un solo sentido: lo único que falta para resolver el mar de carencias en ese ámbito es voluntad del gobierno.
“Si hay voluntad, en menos de tres años podría darse un giro al funcionamiento de los hospitales públicos”, me cuenta un cardiólogo de reconocido prestigio en Ciudad Victoria.
Insiste, sin embargo, que lo único que se necesita es voluntad gubernamental.
Sobre todo, voluntad para inyectarle presupuesto suficiente y bien direccionado al rubro de la Salud.
Con dinero, (como todo en la vida) se solucionan las carencias más apremiantes, y esas están muy bien definidas.
De entrada, urge rehabilitar los hospitales públicos para dejarlos en condiciones decentes de funcionamiento. Desde hace muchos años padecieron abandono oficial por lo que hoy dan verdadera pena. Se mojan, no tienen aires acondicionados, y el equipamiento médico, incluyendo los quirófanos, es infuncional. Hoy me da miedo acudir a uno de ellos.
Debe priorizarse un ordenamiento administrativo para validar y valorar la capacidad de los recursos humanos. Nos dicen que se ha convertido en práctica común que muchos practicantes médicos estén realizando tareas de médicos especialistas, con todos los riesgos que eso implica para los pacientes.
Urge abastecer las farmacias para garantizar a los pacientes el medicamento que les recetan los médicos. En estos momentos, el enfermo debe costear, de su bolsillo, el cuadro medicinal.
“Desde hace muchos meses no hay ni paracetamol. Bueno, hay veces en que ni siquiera tenemos gasas” , narra una enfermera del Hospital General.
Bajo esas condiciones, no sé si en algún momento el sistema de salud mexicano vaya a ser igualito que el de Dinamarca, pero estoy convencido de que esa aspiración si puede ser una realidad en Tamaulipas.
Por supuesto, como dicen los médicos consultados, siempre y cuando haya voluntad gubernamental.
En ese aspecto, me parece que hay un factor que abona a favor: el hecho de que el gobernador, Américo Villarreal Anaya, sea un profesional médico, pero sobre todo que durante muchos años haya sido funcionario de la Secretaría de Salud, lo que seguramente le ha permitido tener una radiografía muy precisa de las condiciones de carencia del sistema de salud tamaulipeco.
Crucemos pues los dedos para que, en el Plan Estatal de Desarrollo, la salud sea la prioridad de prioridades. La salud y la seguridad pública son los rubros que más nos urgen a los tamaulipecos. Lo demás viene por añadidura.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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