El secretario de Seguridad Pública, Sergio Hernando Chávez, acaba de anunciar el inicio de un programa de reclutamiento de aspirantes a policías en otras entidades del país.
El objetivo, dijo, es traer a Tamaulipas entre 300 y 500 jóvenes que vengan a reforzar la fuerza policial del estado.
De entrada, hay que precisar que la estrategia no es nueva como tampoco lo es el desprecio por la función policial. El déficit de más de 2,500 policías que padece la Secretaría de Seguridad Pública obedece precisamente a ese desinterés de los tamaulipecos por ingresar a la policía.
Durante toda la administración estatal pasada, la Secretaría de Seguridad Pública hizo lo mismo que ahora está anunciando. Salió a la “caza” de aspirantes a policías en otras entidades, con resultados infructuosos. Tan infructuosos que el déficit creció en vez de disminuirse.
De hecho, el mismo método utilizó en algún momento la Fiscalía General de Justicia, desde cuando era Procuraduría, porque también padece el mismo problema de déficit, tanto de policías como de agentes del Ministerio Público y peritos.
Sin embargo, igual que la Secretaría de Seguridad Pública, la entonces Procuraduría General de Justicia fracasó en su intento. Hasta la fecha sigue enfrentando las consecuencias de la insuficiencia de personal.
Las autoridades han culpado de la situación a la rigurosidad de los exámenes de control de confianza. Argumentan que, es tan complicada la batería de exámenes que muy pocos aspirantes logran superarlos.
No obstante, a mi me parece que el fracaso en el reclutamiento está en otro lado. En realidad es el desprecio por la tarea policial lo que ha propiciado que sean muy pocos los jóvenes que se interesan en incorporarse a las corporaciones de seguridad pública.
Un desprecio que se origina en dos causas principales: una, la peligrosidad que envuelve a la actividad policial; y dos, los bajos salarios y prestaciones que pagan los gobiernos.
En un entorno donde los grupos criminales y hasta la misma delincuencia común se han vuelto más violentos y sanguinarios, y en el que le han perdido por completo el respeto a los gobiernos, ser policía en este país implica un alto riesgo de muerte que muy pocos quieren enfrentar, y menos con sueldos tan miserables que apenas les alcanzan para subsistir, y con condiciones de trabajo tan deplorables.
“A veces no traemos ni gasolina para la patrulla. Las armas que nos dan son viejas y nos entregan unas cuantas balas. Por eso salir a patrullar es en verdad salir a jugarte la vida”, me contaba recientemente un Guardia Estatal de la llamada vieja escuela.
La conclusión entonces es que, en tanto el gobierno no se decida a dotar a los policías de lo necesario para desempeñar su labor, difícilmente habrá éxito en las convocatorias que cada año son lanzadas para reclutar aspirantes.
Lo primero que habría que garantizarles son sueldos decentes, que representen realmente un atractivo para animar a los jóvenes a enfundarse en un uniforme policial.
Hasta tanto esas carencias no se subsanen, el reclutamiento seguirá siendo un fracaso como lo ha sido hasta ahora.
EL RESTO.
LA ESPERANZA.- Tan pronto acabe la veda electoral, se incluirá en la agenda del gobernador, Américo Villarreal Anaya, el festejo por el Día del Burócrata.
Será un festejo a destiempo porque la celebración debió ser el 26 de enero.
El punto es que, hay mucha expectativa entre los trabajadores del gobierno estatal, de que la nueva administración retome aquella costumbre de anunciar cada año nuevos beneficios.
Suman ya seis años en que no se le entregan a la burocracia nuevas bases sindicales, aumentos salariales y mejoras en otras prestaciones. La esperanza de los trabajadores está en el doctor Villarreal Anaya, porque conoce a la perfección las necesidades que enfrentan.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.
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