El asunto que nos ocupa, merece reflexión desde la propia dimensión conceptual de ausencia, por atípico que parezca.
Así, abordamos la figura del expresidente de la República, desde su ausencia misma, que tiene un sinnúmero de matices e implicaciones, aunque, consideramos que no más de las que representaría su aparición.
Como político, Andrés Manuel López Obrador, enmarcó una visión, a partir de la cual se erigió fundador de Morena, hoy por hoy, con independencia de que compartamos o no la ideología, el partido más hegemónico de nuestro país; así como el constructor de una narrativa -a su juicio- transformadora, aceptada e imitada por unos y cuestionada por otros.
López Obrador también mostró su faceta de escritor, a través de sus distintos libros, entre ellos:“HACIA UNA ECONOMÍA MORAL”, “A LA MITAD DEL CAMINO” y ¡GRACIAS!
Aquí es válido considerar que la fuerza de las marcas estriba, principalmente, en su popularidad y lealtad, de ahí su capacidad de influir económica,cultural y/o políticamente en nuestra sociedad.
En el contexto propio del mercado político, la marca “AMLO” logró sostenerse y consolidarse, al grado de abrirse paso hasta acceder a la Presidencia de la República; además, fue y ha sido capaz de construir, paralelamente, carreras políticas, en muchos casos, de forma tan sorpresiva como vertiginosa en favor de un sinnúmero de seguidores e, incluso, familiares de su propietario.
Ahora bien, podemos decir que uno de los códigos de la vieja escuela, tan respetado como arraigado en su momento, consistía en que la conclusión de un período de gobierno era, y debía entenderse, como la retirada, y desaparición misma, de la escena pública del gobernante saliente, a fin de dar paso al nuevo mandatario y a su gobierno.
López Obrador se apegó a dicho principio y, al menos hasta ahora, hemos participado de su respeto por la escena política, pero solo él sabe hasta cuándo acusará tal ausencia.
Su ausencia misma se traduce en voz y voto, desde“La Chingada”, o desde donde se encuentre, implica eco, visión y creación.
El impacto de su aparición debe calcularse en su justa dimensión, desde el interior Morena y, desde luego, al exterior e, incluso, en los distintos órdenes de gobierno, a fin de evitar sorpresas o, por qué no decirlo, contratiempos.
Debemos recordar que la militancia morenista, sin duda alguna, le rinde pleitesía a López Obrador, de ahí que su ausencia o su presencia influyen en el comportamiento y futuro de la franquicia, pues podemos sostener que se revela como líder moral, como parte de su identidad y, para muchos, representa “el símbolo” encarnado de ese partido político.
En conclusión, cada movimiento de AMLO, por simple que sea, segura e inevitablemente, registrará estridencia, por controvertible, e incidirá en Morena y la escena política nacional, lo cual debe estar debidamente calculado, pues cuidado si aparece.
Esperemos que el cálculo como parte sensata del ejercicio de la política y el tiempo hagan uso de la voz.






