El 9 de julio de 2014, el Instituto Nacional Electoral (INE), dictó la resolución correspondiente mediante la cual otorgó a Morena el registro como partido político nacional y fue con efectos constitutivos a partir del 1 de agosto siguiente.
A partir de ahí, nada, ni nadie, estaría en condiciones de detener, a pesar del breve tiempo, el destino y la hegemonía inédita de la institución política más reciente en nuestro país.
Era inevitable, Morena nacía a la vida política y lo hacía, prácticamente, con las llaves de las oficinas de la presidencia de la República en su poder, vía Andrés Manuel López Obrador.
El Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional que tuvieron sus oportunidades presidenciales, por distintas causas y múltiples errores, sucumbieron vertiginosamente ante la nueva fuerza política.
Morena, a pesar de su infancia política, se nos revela con la fuerza que representa contar con la mayoría calificada, de ahí que tenga la capacidad de modificar y/o suprimir, a placer, cualquier norma de nuestro sistema jurídico nacional.
Sin embargo, la historia de las más grandes civilizaciones e instituciones nos dan constancia e ilustración de “los apetitos del poder” y este 2025, sin duda alguna, se constituye como determinante en el presente y futuro de la referida franquicia política.
En efecto, diversos aspectos endógenos y exógenos ya expresan, por sí mismos, daños, diferencias, riesgos, complejidades e implicaciones que enfrenta Morena como consecuencia inevitable de la propia hegemonía.
Aquí, abordaremos algunos de los aspectos que inciden en el presente y, sin duda alguna, definirán el futuro de la, hasta ahora, imbatible marca política.
La llegada de Omar Hamid García Harfuch, hoy por hoy, constituye y conduce a múltiples reflexiones y un sinnúmero de implicaciones.
Desde aquí lo hemos sostenido, el referido funcionario federal ya se decodifica como la imagen encarnada y “símbolo” de la seguridad nacional, a partir de su designación misma como Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de nuestro país.
La historia y los hechos refieren, de manera constante y categórica, que García Harfuch es el hombre de mayor confianza de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo.
Precisamente, desde esa función estratégica desempeñada por Harfuch, inevitablemente, tanto por sus acciones como por sus métodos se torna incómodo para el morenismo, pues desde su llegada, el nuevo zar de la seguridad nacional, ha llevado a cabo acciones que, por sí mismas, cuestionan y exhiben las fallidas políticas públicas en materia de seguridad desplegadas en el sexenio obradorista.
El legado obradorista a la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de inseguridad es tan descriptivo de la realidad del Primer Piso de la Transformación, de ahí que ante la ineficacia de las teorías y la narrativa de “abrazos no balazos” que abanderó y distinguió el gobierno federal que nos antecedió, lo cual, desde la razonabilidad, da inicio al deterioro de la imagen, el liderazgo y el propio gobierno del expresidente Andrés Manuel.
Por ello, desde tales razones, “don Omar Harfuch se vuelve solución y problema”; pues, a mayores acciones y mayor determinación en el combate de la criminalidad en el país, mayor es y será el rostro de la realidad de la inseguridad heredada por el gobierno anterior, lo cual se torna como problema para el propio morenismo, en virtud, a que, como ya lo referimos, exhibe los errores, la ineficacia y fracaso de las políticas de López Obrador.
El impacto reportado no solo tiene incidencia directa hasta el expresidente avecindado en Palenque, Chiapas, puesto que reporta daños a toda la familia, principalmente, a Andy López Beltrán, actual secretario de organización nacional de Morena; situación que resulta trascendente, pues tal afectación le trastoca sus aspiraciones presidenciales, en lo cual ya trabaja desde la marca política.
A lo anterior se suma, el daño perpetrado con factura directa al morenismo por la reciente e histórica y pública pugna marcada por sus intereses directos, protagonizada por don Adán Augusto López Hernández, senador y coordinador de la bancada morenista (quien también funge como presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado) y don Ricardo Monreal Ávila, diputado federal y coordinador de su bancada, en consecuencia, presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara Baja.
Las diferencias entre los legisladores federales morenistas, sin duda alguna, nos comunican, con toda claridad, los sentimientos y resentimientos entre los protagonistas y la imagen misma de las emociones y clima que priva hacia el interior de ese partido político.
La fotografía procesada en su momento, desde la conveniencia política, con el objeto de despresurizar y comunicar la reconciliación entre tales figuras públicas, aquí lo señalamos y lo sostenemos, en nada cambia las distancias, pues ya se consumó el daño entre ambos legisladores; el daño está ahí, y seguirá ahí, con heridas, tan abiertas, como profundas.
Las disonancias y estridencias que enmarcan la relación de don Adán Augusto y don Ricardo Monreal, quienes significan actores principales del esquema morenista, se encuentran al rojo vivo y las personalidades de los caballeros dictan que su único límite se define por sus propios intereses y no repararán en los daños colaterales, los cuales se avecinan.
La llegada de Donald John Trump a la presidencia de los Estados Unidos el próximo 20 de enero de este año, sin duda alguna, tiene diversas y muy serias implicaciones que marcarán el rumbo de Morena en nuestro país, pues ya ha dado muestras de las políticas rígidas en materia de seguridad, economía y migración, por citar algunos.
La postura se advierte muy distinta a la que mostró en su primer mandato presidencial del vecino país del norte, de ahí que, en la medida en que ejerza presión y fije estándares más altos en los resultados en los distintos rubros, incluidos el fortalecimiento institucional y de combate a la inseguridad, en definitiva, el escenario nacional se torna complejo.
En conclusión, los hechos y los tiempos refieren que este 2025 se define el futuro de Morena como institución política hegemónica, pues, tanto “los apetitos del poder nacional como internacional”, ya revelan que inciden e incidirán en la factura y deterioro mismo de la franquicia política.
La historia, su voz y sus ecos dirán que Morena…






