Transcurría el 2018 cuando llegó Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República y, con ello, el inicio de la llamada Cuarta Transformación.
Quedaban atrás y como parte de la historia “Los Pinos” como la residencia oficial del titular del Ejecutivo de nuestro país, que, pasaría a ser, y lo es, el Complejo Cultural Los Pinos.
Entonces, la nueva residencia de López Obrador sería Palacio Nacional, desde ahí despacharía y, a partir de ahí, se convirtió en el epicentro político y fortaleza del nuevo esquema federal.
Desde Palacio Nacional se establecieron y definieron las nuevas formas presidenciales, con ello, se abrió paso un nuevo modelo e instrumento de comunicación, que, incluso, se hacía presente como nuevo fenómeno de comunicación social, político y cultural de nuestro país: “La Mañanera”.
A partir del cálculo político, el modelo de “La Mañanera” resultó inobjetablemente eficaz y eficiente, tanto para el diseño como para el fortalecimiento de la Cuarta Transformación, pues fungió como mecanismo estratégico para garantizar la vigencia mediática de la figura de López Obrador durante todo su mandato.
El instrumento se diseñó bajo el formato que ya nos resulta bastante conocido, con el fin, muy práctico por cierto, de apropiarse, de manera sostenible y sólida, y marcar la agenda nacional; de ahí que, con independencia de los debates y las discusiones, se logró el objetivo en el sexenio anterior.
El fenómeno e impacto mediático registrado y acumulado por “Las Mañaneras”, en favor de Morena y sus afines y en contra de las corrientes ajenas, sin duda, fue tan brutal como demoledor que, al paso del tiempo, se fortalecieron más los primeros y se debilitaron más las últimos.
Por los resultados reportados en favor de la 4T, el citado modelo de comunicación sigue tan vigente, como protagónico, con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
Sin embargo, hoy, a diferencia, del sexenio pasado, en el concierto internacional, se presenta una variable, Donald John Trump como presidente electo de Estados Unidos, bajo una versión muy distante de la que acusó en la época obradorista; situación que, indefectiblemente, incide en el desarrollo de nuestro país.
Ciertamente, Trump asumirá la función presidencial de nuestros vecinos del norte el próximo 20 de este mes, pero, es evidente que las diferentes declaraciones vertidas desde su país han trascendido en cada rincón de nuestra geografía y, sin duda alguna, por las implicaciones, del resto del mundo.
El estruendo de los ecos de la narrativa colocada por un Donald Trump que se nos muestra determinante, indispuesto a dialogar e, incluso, arrebatado, retumban en Palacio Nacional, a grado tal, que “Las Mañaneras” han perdido su naturaleza proactiva y han pasado a ser reactivas.
En palabras simples, ahora desde “Las Mañaneras” se intenta atajar y dar respuesta a cada mensaje y/o amago lanzado por Trump, sea en materia de migrantes, aranceles, inseguridad o, incluso, el cambio de nombre del Golfo de México, pues son evidentes sus matices condicionantes.
En conclusión, “Las Mañaneras” han dejado de ser proactivas y han pasado a ser reactivas, pues la narrativa de Donald Trump, aun y cuando no toma posesión de la presidencia, ya condiciona y dicta la agenda en Palacio Nacional.
Quizá sea tiempo de reflexionar en un nuevo modelo de “La Mañanera”.






