El síndrome de las vacas locas, con nerviosismo y violencia, parece haber alcanzado a los excolaboradores de Francisco García Cabeza de Vaca, quienes, tras la huida del exgobernador hacia su escondite en Estados Unidos, han quedado en el desamparo y a la deriva.
Tanto así, que cinco de ellos ya están sujetos a procesos judiciales por desvíos y otras irregularidades derivadas del saqueo a la administración estatal pasada. Según fuentes cercanas al caso, esto se encuentra detallado en carpetas de investigación integradas por la Fiscalía General del Estado y la Fiscalía General de la República.
El panismo en Tamaulipas atraviesa su propia crisis de orfandad política, con cuadros pobres y dispersos que, en su momento, se sintieron intocables y que ahora enfrentan las consecuencias del legado de Cabeza de Vaca: auditorías, acusaciones y el frío respaldo de un partido sin liderazgo que, como es costumbre, prefiere mirar hacia otro lado cuando las investigaciones alcanzan a sus figuras más notorias.
El caso de Silvano Aureoles, exgobernador de Michoacán hoy prófugo de la justicia, es un espejo en el que Cabeza de Vaca debería verse reflejado. Ambos, tras su paso por el poder, apostaron por una estrategia de confrontación con los gobiernos morenistas y una narrativa de victimización en redes sociales, tratando de evadir toda responsabilidad.
Pero la realidad se impone. La Fiscalía General de la República ha vuelto a poner la mira en Cabeza de Vaca después de su intento de proclamarse libre de cargos en redes sociales. La respuesta fue inmediata y contundente: la ficha roja de Interpol sigue activa y, además, se han abierto nuevos expedientes en su contra tras las declaraciones de sus excolaboradores, quienes han “cantado más que pajaritos en cortejo”.
Su intento de desmentir su condición de fugitivo ha sido inútil. Y lo peor está por venir. Ha trascendido que se está preparando una nueva orden de aprehensión contra el exmandatario, lo que podría sellar su destino.
El pánico cunde en la política panista tamaulipeca. Aunque algunos han intentado escapar de la justicia, la estampida no los salvará. Más temprano que tarde, todos tendrán que rendir cuentas ante la justicia






