En política, como en la vida, hay de todo. Existen ciudadanos con verdadera vocación de servicio, aquellos que ven en la función pública una oportunidad para mejorar la vida de los demás, que comprenden la responsabilidad de representar y gobernar. Pero también están los otros: los oportunistas, los que ven en un cargo de elección popular una puerta de acceso al poder y la fortuna. Los que no buscan servir, sino servirse.
Estos personajes aparecen siempre con el mismo libreto, disfrazados de salvadores del pueblo. Cambian de partido como quien cambia de camisa, según soplen los vientos del poder. No tienen ideología, sino conveniencia. No defienden principios, sino intereses. Son camaleones de la política, dispuestos a lo que sea con tal de figurar, de estar en la boleta, de hacerse notar, aunque no tengan nada qué ofrecer más allá de su ambición.
Tamaulipas no es ajeno a esta realidad. Si hubiera que ponerle nombre y apellido a un prototipo de oportunista político, Francisco Chavira Martínez encajaría perfectamente en la descripción. No es un político con base social, ni un líder con verdadera influencia, pero sí un experto en vender la imagen de que la tiene. Sabe cómo moverse en el ajedrez político para intentar obtener beneficios, aunque sea con jugadas burdas y desesperadas.
El más reciente de sus intentos lo vimos en Ciudad Victoria, donde organizó una supuesta manifestación en apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien, en su peculiar narrativa, intentó elogiar por su “temple” para negociar con Donald Trump el tema arancelario. La realidad, sin embargo, fue otra: un puñado de asistentes, en su mayoría empleados suyos, que se prestaron a la farsa de un evento sin impacto ni relevancia.
¿El objetivo? No era reconocer a la presidenta. Era mandar un mensaje al poder, decir “aquí estoy”, tratar de congraciarse con el morenismo para encontrar un espacio en el escenario político estatal. Chavira busca tener un lugar en la mesa donde se reparten los favores y los cargos. Lo ha intentado antes y lo vuelve a intentar ahora, sin importar el color del partido o la coyuntura política.
En 2016 logró registrarse como candidato independiente a la gubernatura, pero su aspiración duró poco. Al final, “declinó” en favor del panista Francisco García Cabeza de Vaca, en un movimiento que más que convicción pareció una jugada negociada. No fue una sorpresa que, a cambio, lograra colocar a una de sus hermanas al frente de la Secretaría del Trabajo y llenara esa dependencia de incondicionales. No ganó la elección, pero obtuvo lo que buscaba: una cuota de poder.
En 2022 repitió la estrategia. Amenazó con postularse nuevamente como candidato a la gubernatura, esta vez con la esperanza de ser tomado en cuenta por Morena. Pero sus cálculos fallaron. En el partido lo ignoraron y lo relegaron al margen del proceso. No tuvo nada qué ofrecer y, en consecuencia, nada qué negociar.
Pero los oportunistas nunca se rinden. Ahora busca con insistencia colarse en el actual escenario político con tácticas de siempre: simulaciones, eventos improvisados, declaraciones grandilocuentes que nadie toma en serio. Quiere hacer ruido, quiere que lo vean, quiere –como siempre– sacar provecho.
Y así como Chavira, hay muchos más. Tamaulipas y el país están llenos de estos personajes que han hecho del rentismo electoral su modo de vida. Son parte del cáncer que corroe la política, que desgasta la confianza ciudadana y que convierte la función pública en un botín, en lugar de un servicio. Mientras sigan existiendo y encontrando espacio en el juego del poder, la política seguirá arrastrando el lastre de la desconfianza y el desencanto ciudadano.
EL RESTO.
LAS COMPARECENCIAS, EN ABRIL.-Los secretarios del gabinete estatal trabajan a marchas forzadas con sus equipos para comparecer ante el Congreso del Estado como parte de la glosa del tercer informe del gobernador, Américo Villarreal Anaya.
Para su fortuna, las comparecencias no serán inmediatamente después del informe gubernamental como ha sido una costumbre.
El mandatario cumplirá este próximo sábado, en Tampico, con su obligación constitucional de rendición de cuentas ante los tamaulipecos, pero los secretarios deberán comparecer ante los diputados hasta los primeros días de abril.
Al menos esa era la instrucción hasta ayer.
Ojalá y aprovechen ese tiempo para mejorar su desempeño ante el Congreso, porque hay algunos que en años anteriores se han visto muy limitados en su desempeño.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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