¿Qué hacer en el aula con el estudiante autista?
Los investigadores de la Secretaría de Educación de Tamaulipas tienen la idea sólo en el papel. Saben que esos alumnos requieren una educación especial, pero no tienen herramientas didácticas ni pedagógicas para construir un modelo educativo que los incluya. Poseen estadísticas duras del porcentaje de la incidencia de esa conducta, pero no aciertan a trazar respuestas a un fenómeno que afecta a docentes, educandos y padres de familia.
En tres escuelas de la capital -al menos- existen en educación básica niños con autismo. En el espacio áulico -complejo por todos los problemas sociales que en inciden el él- se han dado expresiones de violencia contra estudiantes y maestros, por parte de esos chicos. Sí; es lamentable: la agresión de esos educandos contra sus compañeros es angustiante para ellos y sus padres, al considerar que el espacio educativo se complica.
Son un verdadero problema que, al parecer, el maestro no tiene instrumentos para solucionarlo.
¿Sancionar a esos educandos?
No.
Traería conflictos legales.
¿Llevarlos con los padres?
No.
Sería el reconocimiento del fracaso del sistema educativo, para atender a quienes por ley deben ser incorporados al derecho humano de la educación.
La solución de ese desafío educativo está en ubicarlos como estudiantes que requieren una atención docente especial, especializada.
Ese es un reto y una responsabilidad para las decenas de investigadores de la SET -que devengan los más altos salarios y prebendas de la secretaría- que han destacado por su nulidad en la búsqueda de respuestas institucionales a las contradicciones en las escuelas de Tamaulipas.
Ahora lo que está ocurriendo, es que, por no enfrentar ese conflicto, estamos dañando el desarrollo educativo de una mayoría en el aula, que ante elementos que deberían ser educados con iguales, se rezagan y se conflictúan con la socialización de un ente que percibe el mundo de forma diferente.
No se trata de generar guetos.
Es erigir espacios áulicos para que el niño autista, sea educado para facilitar su inserción en una realidad que se le complica. Hay centenares de maestros comisionados; que hacen nada. Bien haría la SET en crear con esos auténticos aviadores, un grupo de educadores especializados para atender a esos pequeños. Por supuesto que se requieren estímulos; hay que crearlos.
¿Espacios?
Sobran: decenas de escuela no tienen alumnos; sobre todo en el centro de las grandes ciudades.
Esa sí: sería una educación humanista.






