Ciudad Victoria, Tamaulipas.- La reforma para reducir la jornada laboral a 40 horas tenía todos los ingredientes para una sesión histórica. Pero el debate técnico quedó pronto desplazado por el pulso político. Y en el centro del vendaval estuvo Isidro Vargas.
El morenista subió a tribuna con el tono afilado. No habló sólo de horas trabajadas; habló de décadas perdidas. Señaló a PRI y PAN por no haber hecho —dijo— nada real por la clase trabajadora cuando gobernaron. El golpe fue frontal.
Las palabras no fueron susurradas. Fueron lanzadas con énfasis, con cadencia de reproche. El mensaje no era sólo legislativo; era político. Y en el recinto se sintió el cambio de temperatura.
Mercedes del Carmen Guillén Vicente, quien minutos antes había votado a favor “con sentido crítico” y bajo protesta pero reconociendo el avance que se había dado, escuchó el embate desde su curul. Pero no lo dejó pasar. Se paró de lugar y cruzó el pleno hacia la bancada de Morena.
Desde las galerías se alcanzaba a ver la escena: Paloma —como la llaman desde hace años— le habló de frente. Sin micrófono, pero con gesto firme. Le reclamó la innecesaria rudeza contra el PRI.
Isidro, con los ojos muy abiertos, parecía sorprendido por la intensidad del reclamo. A su lado, Ramón Ochoa observaba en silencio, con una mezcla de desconcierto y cálculo político.
El intercambio fue breve, pero sustancioso. No hubo estridencia, pero sí energía contenida. Paloma terminó extendiendo la mano en señal de cierre. Se retiró con paso sereno, como quien deja claro el punto.
La sesión continuó, pero el ambiente ya estaba cargado. El siguiente turno en tribuna, fue en asuntos generales para el panista Gerardo Peña. Y no dejó escapar la oportunidad.
Con voz pausada y tono medido, comenzó recordando la sesión itinerante en Matamoros. Esperó, dijo, a que Isidro estuviera presente para responderle por el reclamo que les hizo al faltar a esa sesión. La frase fue una estocada elegante.
Señaló que el cien por ciento de las sesiones itinerantes se han realizado en municipios gobernados por Morena. Habló de “cuerpear” alcaldes de un solo partido y de uso político del Congreso.
Cada palabra fue pronunciada con deliberación. Sin gritos, pero con filo. El mensaje estaba dirigido tanto al pleno como a las futuras campañas.
Isidro pidió la palabra por alusiones. Y respondió con firmeza. Dijo que no mintió al señalar la ausencia del PAN en Matamoros, los calificó de irresponsables y recordó que no fue él quien decidió el resultado del 2 de junio y no tener más lugares para sesionar.
La réplica subió de tono cuando trazó la línea ideológica: ustedes de derecha, nosotros de izquierda. Y remató con un desafío abierto: “Nos vemos en 2027, cuando la gente ratique la decisión de dejarlos solos”.
Peña volvió a intervenir. Recordó que el PAN gobierna 15 de 43 municipios y advirtió que la soberbia suele pasar factura. El cruce ya no era técnico, era abiertamente electoral.
Al final, la reforma fue aprobada. Las 40 horas avanzaron. Pero lo que quedó en la memoria no fueron los artículos constitucionales, sino el intercambio de miradas, el volumen de las palabras y el anticipo de una contienda que ya asoma.
Cuando la sesión terminó, Isidro salió del pleno y caminó hacia su oficina. En el pasillo lo esperaba Armando Zertuche. “¿Estuvo bien lo de Gerardo?”, preguntó. La respuesta fue breve: “Sí, muy bien”.
Hubo un abrazo. Breve, simbólico, a unos metros de la puerta del ex presidente del Congreso de la 65 Legislatura pero con algo de incomodidad porque Gerardo fue contundente contra Isidro.
Al final, la jornada laboral se redujo en el papel. Pero en el pleno, las horas políticas apenas comienzan a contarse.






