El próximo 4 de abril, los pasillos del Instituto Nacional Electoral (INE) verán partir a una de sus voces más firmes. Tras nueve años de gestión, la consejera Dania Ravel concluye un encargo que la transformó profundamente.
De la funcionaria cautelosa que llegó en 2017 ante un Consejo General de figuras con muchísima experiencia, se despide hoy una mujer que venció el “síndrome del impostor” para defender su derecho a decir lo que piensa, incluso cuando su opinión sea vista como políticamente incorrecta.
Al analizar la evolución de la institución, Ravel identifica dos momentos de quiebre.
El primero fue la salida de la anterior presidencia, que arrastró consigo a casi toda la Junta General Ejecutiva, dejando un vacío de personal técnico especializado que aún no se recupera.
Actualmente, la prevalencia de “encargados de despacho” y la pérdida de colegialidad en las designaciones —agravada por reformas legales que centralizan el poder en la presidencia del INE— han restado fortaleza a las áreas técnicas.
He visto una falta de cohesión… las áreas ya no son tan fuertes como cuando yo llegué”, confiesa con honestidad.
A esto se suma el impacto de los recortes presupuestales, que no son sólo una cuestión de salarios, sino que afectan directamente derechos ciudadanos, como la instalación de menos casillas, la cancelación de pruebas piloto de urna electrónica o la falta de materiales en Braille para personas con discapacidad.
Impulsar la agenda de género en el INE, el mayor orgullo de Ravel
No obstante, su mayor orgullo es haber impulsado la agenda de género.
Su persistencia fue clave para que el INE adoptara reglas de paridad en las gubernaturas, una batalla que inicialmente enfrentó el rechazo de sus colegas varones, pero que triunfó con el cambio de integración del Consejo.
“Hoy por hoy… no hubiéramos tenido las gobernadoras que tenemos si hubiéramos tenido una integración distinta”, afirma. © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.






