Por Montserrat, Romina, Daen y José Manuel
SIN EMBARGO
México llegó al ansiado quinto partido. Esta vez, la victoria no significó regresar a los cuartos de final, sino a los octavos. Sin embargo, el paso perfecto en el torneo, la portería imbatida, la condición de local y, sobre todo, el haber roto una sequía de 40 años sin ganar un partido de eliminación directa han puesto de cabeza a todo un país que hoy se aferra a una misma ilusión: “¿Y si sí?”
Más que una pregunta, la frase ha recorrido redes sociales, calles, plazas y conversaciones. Se ha convertido en el reflejo de una esperanza colectiva en un país poco acostumbrado a celebrar grandes conquistas deportivas. La Selección Mexicana derrotó 2-0 a Ecuador en un Estadio Azteca que vibró con cada ataque, contuvo la respiración en cada aproximación rival y estalló con los goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez. Conforme avanzaban los minutos del segundo tiempo, la consigna parecía escucharse al unísono dentro y fuera del estadio: “¿Y si sí?”
La victoria tiene un peso histórico. Es la primera ocasión desde 1986 que México supera una ronda de eliminación directa en una Copa del Mundo. El próximo domingo volverá a jugar en el Estadio Azteca, que albergará su partido mundialista número 24. El Coloso de Santa Úrsula, escenario de las gestas de Pelé en 1970 y de Diego Armando Maradona en 1986, volverá a ser testigo del intento de la Selección por regresar a unos cuartos de final cuatro décadas después. Para conseguirlo deberá vencer al ganador del duelo entre Inglaterra y la República del Congo.
La fiesta comenzó en el corazón de la capital. El Zócalo capitalino se transformó en un escenario de música, baile y celebración. Varias horas antes del partido, el Fan Fest ya era una auténtica fiesta multitudinaria, con miles de aficionados provenientes de distintos estados del país e incluso del extranjero, decididos a vivir el encuentro en medio del ambiente festivo que caracteriza a la afición mexicana.
Desde muy temprano comenzaron a llegar personas a las inmediaciones de la Plaza de la Constitución. Poco a poco apareció una inmensa marea verde: camisetas de la Selección Mexicana por todos lados, algunas blancas, otras negras, aunque predominaba el tradicional verde del Tri. Ahí poco importaba si la playera era original o “pirata”; lo importante era alentar a México.
Dentro del Zócalo la música nunca dejó de sonar. Durante la espera se escucharon éxitos de Juan Gabriel y la tradicional cámara de los besos provocó risas y aplausos. Más tarde, un DJ convirtió la Plaza de la Constitución en una enorme pista de baile. Entre la multitud también destacaba la presencia de familias completas: padres, madres, abuelos y niños que compartían la emoción de vivir juntos una jornada mundialista.
En el Ángel de la Independencia, convertido ya en otro de los grandes puntos de reunión para los aficionados, la celebración comenzó varias horas antes del silbatazo inicial. La lluvia, la espuma, la cerveza y la música dieron forma a otra gran fiesta que se extendió desde la glorieta del Ángel hasta la Diana Cazadora, sobre Paseo de la Reforma.
“¡Quiere volar, quiere volar!”, gritaba la gente antes de lanzar por los aires a una aficionada o aficionado durante los festejos futboleros en la Ciudad de México. Y así ocurrió: la Selección Mexicana “voló” al vencer a Ecuador y avanzar a la siguiente ronda del Mundial. Miles lo celebraron en el Ángel de la Independencia.
Entre gritos de “¡Sí se pudo!”, música, cerveza y hasta tequila, la afición mexicana volvió a convertir Paseo de la Reforma en una fiesta, pese a la lluvia que ha acompañado cada partido en la capital.
Gente de todas las edades y de distintos estratos sociales se dio cita. Unos bailaban reguetón, otros norteñas y muchos portaban máscaras de luchadores. El festejo futbolero no hizo distinciones: la espuma “democrática” cubrió rostros por igual, como una forma de euforia ya característica del torneo.
En cada gol se escuchó un grito al unísono. Algunos lo celebraron desde lo alto de esculturas, otros trepados en estructuras metálicas de una exposición fotográfica. Incluso en la Plaza Reforma 222, afuera de los restaurantes, la gente cantó los goles de Quiñones y Raúl Jiménez.
Al escucharse el silbatazo final, la multitud brincó, agitó banderas y tocó trompetas en un estruendo general. Algunos se besaron, otros brindaron y bailaron. Al fondo, detrás del Ángel de la Independencia, estalló la pirotecnia. México sigue con paso perfecto, sin goles en contra, volando alto en el Mundial.
La Presidenta celebra el triunfo
A su vez, en el Parque Tezozómoc, la Presidenta Claudia Sheinbaum presenció el partido junto con decenas de familias. Al finalizar el encuentro, felicitó al equipo con un breve mensaje: “Felicidades a la Selección por darnos tanta alegría”.
Aunque México generó varias oportunidades que no logró concretar, nunca perdió la intensidad. Entre la afición crecía la expectativa por un tercer gol que terminara de sellar la noche. Aunque no llegó, los asistentes reconocieron el esfuerzo del equipo y ovacionaron las intervenciones del guardameta mexicano.
La expulsión del ecuatoriano Piero Hincapié desató un nuevo estallido de júbilo. En el Parque Tezozómoc comenzaron a escucharse los cánticos de “¡Quiere llorar, quiere llorar!”, mientras los aficionados seguían con atención los últimos minutos del encuentro. Sheinbaum permaneció atenta hasta el silbatazo final. Cuando el árbitro decretó el triunfo mexicano, el parque explotó en celebración. Abrazos, gritos, banderas y cánticos inundaron el lugar, mientras la Presidenta festejaba junto con los asistentes.
Poco después comenzó a sonar un mariachi y los presentes corearon “¡Presidenta, Presidenta!”. En medio de la celebración, Sheinbaum subió a una silla y levantó el puño en señal de festejo por una victoria que alimenta una ilusión que, después de cuatro triunfos consecutivos, ya comparten millones de mexicanos: ¿Y si sí?
Santa Úrsula se rinde ante el tricolor
Los gritos de emoción se escucharon desde afuera del Azteca. Vecinos de la calle San Alejandro, en Santa Úrsula Coapa, vieron el partido con una pantalla afuera de su casa mientras se cubrían con una lona. El medio tiempo fue aprovechado por niños para jugar fútbol, uno de ellos gritó “¡Ahora soy el mejor jugador de la historia!”.
“Son experiencias que no se van a olvidar”, le dijo un joven a su amigo mientras caminaba sobre Avenida del Imán, desde donde voluntarios del Gobierno de la Ciudad de México y otras personas también se sentaron a seguir el partido desde sus celulares
Con el silbatazo inicial, la afición se entregó por completo al Tricolor. El Estadio Azteca hizo pesar su condición de local desde los primeros minutos, impulsando a México y generando nerviosismo en Ecuador, que lucía desconcertado, impreciso y sin respuestas sobre el terreno de juego.
La Selección Mexicana presionó desde la salida, asfixiando a los sudamericanos y forzando constantes errores. Sin embargo, las primeras oportunidades no pudieron convertirse en gol: primero, un remate de cabeza de Raúl Jiménez que se fue desviado y, después, un disparo de Gilberto Mora que pasó rozando El golpe fue inmediato. Minutos más tarde, Raúl Jiménez recuperó el balón en las inmediaciones del área rival y cedió para Quiñones, quien amagó con disparar antes de devolverle el esférico al delantero mexicano. Esta vez, Jiménez no perdonó y definió con precisión para ampliar la ventaja del Tricolor.el poste derecho.
La insistencia finalmente dio resultado. Julián Quiñones, el goleador de México en esta Copa del Mundo, abrió el marcador al recibir un pase al espacio desde media cancha. Tras dejar atrás a un defensor ecuatoriano con un recorte, definió con categoría para mandar el balón al fondo de las redes.
En el Parque Tezozómoc, la Presidenta movía insistentemente la pierna por la tensión, se llevaba las manos a la cabeza cuando el equipo nacional desperdiciaba una oportunidad y por momentos agachaba la mirada. Sin embargo, esas expresiones de nerviosismo daban paso rápidamente al entusiasmo que imponía el ritmo del partido.
La recompensa llegó al minuto 22, cuando cayó el primer gol de México. De inmediato, el parque estalló en gritos de “¡México, México!” y los aficionados comenzaron a entonar “Cielito Lindo”. La euforia aumentó apenas nueve minutos después con el segundo tanto, que desató una celebración entre las cerca de 3 mil personas reunidas en el lugar.
Al concluir el primer tiempo, el ambiente seguía desbordado. La afición permanecía de pie, coreaba “¡México!” y, junto con la Presidenta, volvía a cantar “Cielito Lindo” con la ilusión de que el Tricolor ampliara la ventaja en la segunda mitad.
En medio de la algarabía, los asistentes ondeaban las banderas de México que llevaban consigo. Claudia Sheinbaum también levantó la suya para sumarse a la celebración y, poco después, el público realizó la tradicional ola que suele acompañar los grandes partidos.
Mexicanos celebran en calles, casas, plazas…
Lo cierto es que esta edición del Mundial también ha estado marcada por el alto costo de los boletos. Miles de aficionados que no pudieron ingresar al Estadio Azteca siguieron el partido desde las inmediaciones, reunidos frente a las pantallas de tiendas de abarrotes, vulcanizadoras, taquerías y puestos de micheladas. Desde ahí celebraron los goles con banderas de México al viento, trompetas, espuma y abrazos, convirtiendo las calles aledañas en una extensión del estadio.
Desde la tarde, cientos de personas recorrieron las calles aledañas al Estadio Ciudad de México para respaldar a la Selección Mexicana, sin importar si tenían boleto para presenciar el partido frente a Ecuador.
Citlalli, por ejemplo, caminó por avenida Tlalpan, frente al estadio, cargando junto con su novio una bandera de tela de más de dos metros de largo en la que no dejaron de lado la ilusión del “¿Y si sí?”.
Miles de aficionados, vestidos con playeras verdes y blancas, llegaron a las inmediaciones del estadio para tomarse fotografías, lanzar porras y vivir el ambiente mundialista, aun cuando muchos no habían conseguido entradas. “Vergüenza y boletos son dos cosas que no tengo y pido”, se leía en la cartulina que un hombre sostenía frente al acceso A del inmueble.
Los ecuatorianos William y Gustavo arribaron este martes a México y, aunque reconocieron que encontraron menos compatriotas que en Nueva Jersey, Estados Unidos, donde asistieron al partido entre Ecuador y Alemania, mantuvieron intacto el entusiasmo.
Iván, por su parte, logró conseguir boletos después de varios intentos y aseguró que asistir al partido significaba cumplir un sueño de la infancia. “Fue complicado. Estuve intentando en cada venta y los conseguí hasta la última. Para mí es cumplir un sueño que tenía desde niño: poder ver un partido del Mundial. Creo que la selección va a conectar con el grupo y hoy ganamos”, afirmó.
Mientras bailarines de danza folclórica, mariachis y grupos musicales animaban a los asistentes desde los templetes instalados por el Gobierno de la Ciudad de México sobre Calzada Acoxpa y avenida Tlalpan, un grupo de al menos 20 familiares de personas desaparecidas realizó una protesta con lonas y las consignas “México campeón en desaparición” y “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”.
La otra realidad tras el festejo
Precisamente la euforia futbolera convivió con otra realidad. Entre las miles de personas que recorrieron los alrededores del Azteca también estuvieron familiares de personas desaparecidas, quienes aprovecharon la atención internacional que genera el Mundial para visibilizar su exigencia de verdad y justicia.
Una de ellas fue Sandra Ojeda Rivera, madre de Olin Hernando Vargas Ojeda, desaparecido el 26 de noviembre de 2024 tras ser privado de la libertad en el paraje Valle del Tezontle, sobre la carretera al Ajusco, en la Alcaldía Tlalpan.
“El Gobierno no es capaz de localizar a nuestros familiares, pero sí es capaz de mandar a los policías a golpearnos. Ya basta. Exigimos una disculpa pública de la Presidenta, de Clara Brugada y de Gabriela Osorio, porque ellas debieron garantizar la seguridad de la ciudadanía y no lo están haciendo. Hay miles de desaparecidos, además de Olin Hernando”, reclamó.
Sandra, su esposo y otras madres buscadoras denunciaron que elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana los agredieron la tarde de este lunes, cuando se manifestaban sobre Calzada de Tlalpan, a la altura de la estación Ermita del Metro.
Por ello, explicó, el grupo de madres buscadoras que logró acercarse al estadio para protestar fue mucho más reducido que en partidos anteriores. Aun así, alcanzaron a lanzar consignas como “México, campeón en desaparición”, con la intención de recordar que, mientras la atención del mundo se concentra en la cancha, miles de familias siguen buscando a sus seres queridos.
“Yo le pido empatía a la ciudadanía. Que no esperen a que la próxima víctima sea alguien cercano, porque las autoridades no los van a buscar. Los únicos que los vamos a buscar somos los familiares”, concluyó.






