La primera medicina que necesita la Secretaría de Salud no está en un hospital ni en una farmacia. Se llama autocrítica, diagnóstico indispensable para recuperar la confianza ciudadana.
El doctor Ricardo Guerrero, recibe una dependencia desgastada, marcada por rezagos, conflictos internos y una percepción pública adversa que exige decisiones inmediatas, firmes y profundamente institucionales.
Su llegada representa una oportunidad para corregir el rumbo, rescatar proyectos estratégicos y devolverle al sistema sanitario la credibilidad perdida durante los últimos años.
Pero la recuperación no dependerá únicamente de recursos presupuestales. También exige desmantelar inercias administrativas, erradicar privilegios y cerrar espacios donde florecieron intereses ajenos a la salud.
Si el nuevo secretario pretende dejar huella, deberá pensar desde ahora en el cierre del sexenio y construir un legado que fortalezca institucionalmente al gobierno de Américo.
El mayor reto consiste en convertir la salud en uno de los principales activos de la administración, algo que hasta ahora ningún integrante del gabinete ha conseguido consolidar.
Paradójicamente, el gobernador es médico de profesión, pero su administración todavía no logra ser identificada por una transformación profunda del sistema sanitario en Tamaulipas.
La realidad ha demostrado que la debilidad de varias áreas del gabinete terminó por opacar proyectos relevantes y permitió que crecieran estructuras burocráticas poco eficientes.
Ricardo Guerrero, conoce perfectamente ese escenario. Desde su anterior responsabilidad observó fortalezas, debilidades, omisiones y también quién cumplía realmente con las responsabilidades institucionales.
Los recientes cambios en el gabinete reflejan precisamente que hubo decisiones inevitables. Nadie permanece cuando los resultados no acompañan los compromisos asumidos frente a la ciudadanía.
Esa experiencia coloca hoy al nuevo secretario en una posición privilegiada: llega con información suficiente para actuar y sin margen para alegar desconocimiento de los problemas.
La Secretaría de Salud, requiere una depuración técnica antes que política. Primero debe recuperar hospitales, medicamentos, atención médica y capacidad operativa; después vendrán las responsabilidades administrativas.
Eso no significa cerrar los ojos frente a los expedientes pendientes. Existen señalamientos que deberán revisarse con rigor, siempre bajo los cauces institucionales y conforme a derecho.
Ahí aparecen temas relacionados con recursos destinados a programas de salud como “Salud Reproductiva”, presuntas irregularidades administrativas desde la Subsecretaría de Enfermería, tráfico de influencias y áreas cuya operación ha sido cuestionada reiteradamente.
También persisten viejos proveedores del panismo, grupos internos y estructuras que sobreviven sexenio tras sexenio, independientemente del partido que llegue al poder, afectando cualquier intento serio de transformación y casos hay en todo el sistema, incluyendo en la COEPRIS.
La verdadera prueba para el Doctor Ricardo Guerrero, será demostrar que la Secretaría dejó de ser un espacio capturado por intereses particulares para convertirse nuevamente en una institución al servicio del paciente.
Después de lo que ha pasado en esta área, Guerrero saje que ningun discurso convencerá mientras continúen hospitales con carencias, personal insuficiente, equipos limitados y ciudadanos esperando respuestas que durante años simplemente no llegaron.
Todavía hay tiempo para corregir el rumbo. La pregunta es si existirá voluntad para enfrentar las resistencias internas que históricamente han frenado cualquier intento de saneamiento.
Por ejemplo, conocer las historias de la Doctora Juárez, de los Barrón, los acuerdos sindicales, nos da un diagnóstico crónico.
La salud pública necesita mucho más que un cambio de titular. Requiere liderazgo, decisiones incómodas y una cirugía política profunda que extirpe privilegios antes de intentar curar al sistema.
Si el Doctor Ricardo Guerrero, consigue ese objetivo, no solamente habrá rescatado una secretaría; también podría darle al gobierno el sello que hasta ahora ningún integrante del gabinete ha logrado construir: El gobierno de la Salud.






