Hace poco más de una década nos vendieron una nueva forma de movernos por la ciudad. No era cualquier cosa. Nos prometieron un servicio moderno, cómodo, seguro y de calidad. Algo muy diferente a lo que conocíamos con los taxis de sitio.
Cuando Uber llegó en el 2013 lo hizo bajo un concepto casi de exclusividad. Su servicio ofrecía vehículos de mayor nivel, conductores evaluados y una experiencia que buscaba dejar atrás las deficiencias del transporte tradicional.
La idea era buena. Autos limpios, climatizados, en buenas condiciones mecánicas y operadores que entendían que no solamente llevaban pasajeros. Vendían comodidad, atención y confianza.
Quienes utilizamos esas plataformas en sus primeros años podemos dar cuenta de la enorme diferencia. Recuerdo que en Monterrey algunos conductores hasta te ofrecían una botella de agua al subir al vehículo. Así era el nivel del servicio.
Después llegó DiDi, en el 2018, con una oferta muy parecida. Prometió tecnología, seguridad y mejores condiciones para el usuario. En pocas palabras, llegó a competir dentro de ese nuevo concepto de movilidad.
Pero como dice el viejo refrán, del dicho al hecho hay mucho trecho. Aquella promesa de transporte ejecutivo terminó envejeciendo peor que muchos de los vehículos que hoy circulan ofreciendo ese servicio.
Hoy la realidad es muy distinta. Hay unidades deterioradas, descuidadas, pestilentes, con interiores maltratados y con operadores que prefieren traer apagado el aire acondicionado para ahorrarse unos pesos de gasolina, aunque el usuario vaya sufriendo el viaje.
Y aquí viene la pregunta obligada. ¿Dónde quedó la autoridad mientras un servicio que nació como ejecutivo se fue convirtiendo poco a poco en un transporte común y corriente?
La propia Subsecretaría del Transporte reconoce que en Tamaulipas existen alrededor de 12 mil vehículos registrados en plataformas digitales, pero cerca de ocho mil no cuentan con toda su documentación en regla.
Eso habla de un desorden enorme, pero sobre todo exhibe una autoridad que dejó crecer el problema. Porque una cosa es permitir nuevas alternativas de movilidad y otra muy distinta dejar que cada quien haga lo que quiera.
El problema es que cada vez que se intenta meter orden aparecen las protestas, llegan las presiones y la autoridad termina reculando. Al final, como siempre sucede, quien paga las consecuencias es el ciudadano.
Así las cosas, aquellos taxis ejecutivos que llegaron prometiendo revolucionar el transporte terminaron perdiendo su esencia entre la falta de controles y la apatía oficial. Hoy, de ejecutivos, muchos solamente conservan el nombre.
EL RESTO.
ADVERTIDOS ESTÁN.- En entrevista, este martes el gobernador, Américo Villarreal Anaya, les mandó dos mensajes claros a quienes quieren estar en la boleta electoral en el 2027.
“Es tiempo de definirse” y “no se distraigan”, les mensajeó, a través de los reporteros, a todos aquellos que ya llevan meses en abierto proselitismo en busca de la candidatura para gobernar su municipio o para al menos alcanzar una curul en la siguiente legislatura local o federal.
Seguramente muchos diputados locales deben haber anotado acuse de recibo porque es una obviedad que al menos una docena de ellos, de la bancada de Morena, quieren ser alcaldes de la tierra que los vió nacer.
Obviamente también en el gobierno hay bastantes personajes que andan en las mismas.
Será interesante saber si atenderan la instrucción del mandatario. De ser así, tendríamos que estar viendo ya muchas renuncias a la voz de ya.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.
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