Me incomoda leer sobre sentenciados a muerte, ejecutados luego en alguna prisión americana. Entre otras razones, por la disparidad del castigo. De un juez a otro, mire usted.
Si un asesino serial es blanco, caucásico y con dinero, puede ser tratado en forma benevolente, limitados años de prisión o bien lo turnan a un psiquiátrico; aunque la corte conozca su cruel historial de atrocidades.
De ser afroamericano (o latino), cualquier asaltante primerizo que, de manera circunstancial, quita la vida al dueño de una vinatería, le endilgan la pena capital, nomás porque el juez anda en campaña (anda culeco, en celo) buscando su reelección y quiere mostrar músculo ante sus votantes.
Con dicha carga de escepticismo me enfrasqué en la noticia de CHRISTA PIKE, sobreviviente a la pena de muerte; y debo confesar que encontré algo muy distinto. Una mujer de Knoxville, Tennessee, que a los 19 años de edad secuestró a su rival de amores para matarla con crueldad extrema.
Episodio donde hubo tortura, mutilación en vida, largas horas de sufrimiento y, al final, homicidio, para luego arrancarle, en calidad de trofeo, un pedazo del cráneo y presumirlo ante sus amigas.
En la línea de tiempo, CHRISTA nace en 1976; el crimen data de 1995; su detención fue inmediata, en menos de 36 horas; una corte la declara culpable en 1996 y, por unanimidad, la condena a pena de muerte. Su ejecución, sin embargo, demoraría tres décadas.
ORIGEN Y DESTINO
De nada sirvieron los argumentos de la defensa alegando enfermedad mental; acaso útiles para los acusados ricos, con abogados que cobran por hora y psiquiatras forenses dispuestos a modo. No para esta joven marginal que había crecido en un hogar disfuncional, con profundas carencias económicas y afectivas.
Alegaron que padecía trastorno límite de personalidad (borderline) tras una infancia marcada por abusos extremos y negligencia. Perdió el control, al verse atrapada por un arrebato impulsivo, ligado a la dinámica tóxica de los celos.
Pero la fiscalía contraatacó al señalar que, antes aún de cualquier desborde emocional, hubo actos calculados como el citar a su víctima con engaños, para disponer de ella en un sitio aislado. Eso y llevar armas.
Por ello, amén del homicidio, se dictaminó premeditación y conspiración para cometer el crimen. Para añadir la frialdad de conservar un pedazo de hueso y mostrarlo a sus amistades. Tal jactancia fue lo que provocó la rápida resolución del caso. Dos días después estaba presa.
Los tabloides de Tennessee jugaron un papel importante en el desenlace. Puntuales, difundieron fotos del tatuaje dejado por la asesina en el cuerpo de la víctima. Un pentagrama. Tras dicha vertiente se fueron los medios. Un presunto culto luciferino, crimen ritual, superstición, depravación moral con trasfondo místico.
CERO GLAMOUR
Los colegas que esperaban encontrar una veta noticiosa parecida a la de CHARLES MANSON hubieron de conformarse con una explicación más modesta. La infortunada CHRISTA GAIL PIKE era una satanista solitaria y autodidacta. Una “lone practitioner”, del montón.
Sin secta, ni gurú carismático, ni fraternidad oscura; sin túnica, ni capucha. En vano, la policía buscó redes de adeptos, compañeros de culto, conspiradores. Lo que encontró fue una muchacha solitaria, desadaptada, defendiendo lo poco bueno que había en su vida. La relación amorosa que sentía peligrar ante la aparición de una competidora a la que decidió eliminar.
Novata en sus creencias, le encontraron un pequeño altar y un ejemplar de la Biblia Satánica, el clásico de ANTON LAVEY, hoy considerado en dichos círculos como una payasada propia de principiantes, que causa más risa que espanto.
LA SUPERVIVIENTE
Después del veredicto pasaron 30 años. La muchacha de 18 cumplió 50 en marzo pasado. La mayor parte de su vida estacionada en el “corredor de la muerte”, estatus de espera para quienes han sido condenados a la pena capital; con sentencia dictada, pero ejecución largamente pospuesta.
CHRISTA PIKE fue noticia el 30 de septiembre pasado cuando sobrevivió a dos inyecciones letales de pentobarbital, droga con casi un siglo de uso, sintetizada en 1928 y comercializada desde 1930. Es el elemento activo de un sedante llamado Nembutal.
Dos veces le fue administrada la sustancia en cantidad presuntamente letal, pero no funcionó, ante dificultades objetivas para ubicar la vía intravenosa. El veneno la durmió, pero no la mató. Se atraviesa entonces un problema de ética penal. ¿Qué hacer si, tras cumplirse la condena, la persona sigue viva?
El desenlace atípico (y sin conclusión definitiva) generó una crisis institucional que incluyó la renuncia de FRANK STRADA, titular del Departamento de Corrección de Tennessee. El gobernador WILLIAM LEE, suspendió las ejecuciones por el resto del año.
Un consejo brutal ofrecido por DONALD TRUMP fue recurrir al fusilamiento. Por fortuna, el mastodonte rubio no tiene mando en la justicia de Knoxville.
No faltará quien diga que el culto a las tinieblas le proporcionó inmunidad a CHRISTA contra el pentobarbital. El tema daría para alguna novela de STEPHEN KING o una película de ROMAN POLANSKI, si no fuera porque la realidad suele ser más simple, más triste y cruel. No es una historia de diablos, sino de soledad y desamor.
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