El 3 de noviembre reúne hechos que muestran la lucha histórica de las mujeres por su autonomía, su participación pública y su derecho a vivir sin violencia.
En 1914, Mary Phelps Jacob patentó un sostén moderno que sustituyó la rigidez del corsé, símbolo de una transformación en la vestimenta y la libertad corporal femenina.
En México, la fecha recuerda a Elena Arizmendi Mejía, enfermera y activista que fundó la Cruz Blanca Neutral en 1911 para atender a heridos durante la Revolución Mexicana, y que también participó en movimientos feministas.
En el ámbito mundial, el 3 de noviembre de 1994 la NASA lanzó el transbordador Atlantis con una mujer entre sus seis astronautas, un recordatorio de que la presencia femenina en la ciencia y la exploración espacial ha sido parte esencial del progreso humano.
En México, la fecha también honra a Lila Yolanda Andrade, escritora y guionista cofundadora de la Sociedad General de Escritores de México, cuya obra amplió el espacio de las mujeres en la cultura.
En cuanto a Tamaulipas, este día adquiere un significado más doloroso.
El Colectivo Feminista Mujer Manglar ha convocado un altar en Tampico para recordar a las mujeres víctimas de feminicidio y exigir respuestas efectivas del Estado.
Además, el 3 de noviembre de 2026 se reanudó el juicio por el feminicidio de Dafne Zapata, una adolescente de 13 años de El Mante, mientras el colectivo demandaba acceso sin obstáculos al aborto legal para mujeres, niñas y adolescentes víctimas de violación.
En este contexto, la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) tiene una responsabilidad fundamental: formar mujeres con herramientas académicas, científicas y humanas para participar en la vida pública, denunciar la violencia y construir soluciones desde sus comunidades.
Cada estudiante, docente, investigadora y trabajadora de la UAT representa una oportunidad para transformar Tamaulipas desde la educación, la empatía y el respeto a los derechos humanos.
Un 3 de noviembre que nos invita a mirar a las mujeres no como víctimas pasivas, sino como protagonistas de la historia: cuidadoras, enfermeras, escritoras, científicas, activistas y ciudadanas.
Sin embargo, también nos obliga a reconocer que la igualdad sigue incompleta mientras existan feminicidios y obstáculos para acceder a la justicia.
Recordar a Elena Arizmendi, a Lila Yolanda Andrade, a Dafne Zapata y a todas las mujeres ausentes no es solo un acto de memoria; es un compromiso humano.
Una sociedad verdaderamente justa se construye cuando protege la vida, escucha las voces femeninas y garantiza que ninguna mujer tenga que luchar sola por existir con dignidad y libertad.






