La violencia hacia las mujeres en todas sus formas, se difunde a la par de las denuncias.
Los hombres en cambio no se percatan del dolor, porque permanecen ante los ojos de la sociedad como el sexo fuerte y en un grupo de 10 hombres al menos 3 sufre los celos de una mujer. Sin embargo, justifica la conducta con afán de comprensión porque a ellas la herencia social les ha coronado como las damas del drama y justo ahí los patrones de género le incitan a entregar una bofetada a un hombre, a tomarle del cabello, rasgar su camisa y en tiempos modernos encender fuego en el pene de un hombre por infidelidad e incluso impedir la boda y la felicidad de su ex – pareja.
Al observar los hechos algunas mujeres dicen: “Ellos empezaron”.
Pero el trabajo por la equidad de género intenta posicionar a hombres y mujeres como seres humanos, sin hacer distinción entre los derechos de género de unos y otros.
Basta verlos como iguales y erradicar en la medida de lo posible caer en prácticas insanas como el utilizar a los hijos para castigar emocionalmente a los padres divorciados.
Insultar a la pareja con las gastadas frases de: “Nada haces bien”, “yo gano más que tú, checar el celular y creer que un hombre no puede sobrevivir sin una mujer a su costado.
En un entorno cosmopolita, las mujeres y los hombres que acuerdan vivir en equidad comparten el 50 por ciento de los gastos, las tareas en el departamento.
Ellos igual que nosotras, disfrutan los detalles y algunos expresan emoción desbordada cuando encuentran que su pareja mete el hombre cuándo él emocional y económica han sufrido un “bajon”
Respetar el entorno de ellos, sus ideas, miedos y manías le permiten a la mujer generar para ella misma inteligencia emocional.





