
Ciudad de México.- Hillary Clinton ganó con claridad el debate donde, de los otros cuatro contendientes, el único que podría haberle arrebatado el liderazgo en las encuestas, el senador Bernie Sanders, se limitó a defender una agenda demasiado izquierdista, incluso para las bases progresistas del Partido Demócrata.
El único obstáculo serio para la única aspirante mujer a la candidatura presidencial demócrata era el polémico uso de su correo privado cuando estaba al frente del Departamento de Estado, escándalo que ha minado su popularidad a favor del segundo favorito en las encuestas, Bernie Sanders. Sin embargo, fue precisamente el senador quien ayudó a Clinton a salir del apuro al declarar con contundencia: “Estoy harto de oír hablar de los malditos correos de Hillary”.
Solventado este obstáculo, Clinton mostró sus años de experiencia en la cima de la política estadunidense, remarcando lo que la diferencia de su rival más peligroso: su progresismo moderado, el mismo con el que el presidente Barack Obama ganó dos elecciones consecutivas, frente al radicalismo izquierdista de Sanders, quien atacó sin piedad a Wall Street y sobre uno de sus insignes representantes, el precandidato republicano Donald Trump, dijo que, “si fuera presidente, lo ahogaría en impuestos, como al resto de los ricos estadunidenses”.
Por el contrario, Clinton se sintió cómoda cuando le preguntaron en que se diferenciaría su mandato del de Obama, a lo que respondió resaltando su condición de mujer: “En que yo sería la primera presidenta de Estados Unidos”.
“Todos contra la NRA”. Durante esta parte del debate, la ex secretaria de Estado criticó al senador por no ser suficientemente duro con el tema de la violencia de las armas y por no haber apoyado algunos proyectos legislativos para aumentar el control de armas durante su estancia en el Senado.
“Es hora de que todo el país se posicione en contra de la NRA”, destacó Clinton, que defendió, desde su posición central en el escenario, la importancia de implantar un exhaustivo sistema de revisión de antecedentes para controlar en manos de quién acaban rifles y pistolas.
Sanders se sintió incómodo con el ataque de Clinton y se limitó a resaltar las “fracturas” que separan a los que se oponen o son favorables a la tenencia de armas.
En donde se mostró muy cómodo fue en el tema de la mariguana, para la que el senador izquierdista pidió su total legalización. Por el contrario, Clinton se mostró más cauta y se limitó a pedir su legalización, pero con fines medicinales.
Todos legales. Donde los cinco aspirantes se mostraron totalmente de acuerdo fue en llevar hasta el final la reforma migratoria y permitir que los once millones de indocumentados sean legalizados.
De nuevo Clinton fue más allá, al atacar a su adversario al recordar que durante el gobierno de su marido, Bill Clinton, bloqueó su reforma migratoria. Sanders se defendió alegando que en ese entonces la reforma habría perjudicado a la clase obrera estadunidense.
Clinton aprovechó también para pedir un “new deal” (nuevo contrato) con las minorías negras e hispanas, para sacarlas de la marginalidad y de las superpobladas cárceles.
El intenso duelo Clinton-Sanders eclipsó las ya de por sí pocas posibilidades de los otros tres candidatos, los ex senadores Jim Webb y Lincoln Schaffer, y el ex gobernador de Maryland Martin O’Malley, quien sin embargo, tuvo un buen cierre de debate al remarcar, que “a diferencia de los republicanos, en este escenario nadie ha denigrado a las mujeres, a otros candidatos… En este escenario queremos que el país avance”.




