Se cerró el telón. La obra terminó. Fue una tragicomedia en seis actos.
Los protagonistas y antagonistas quedaron conformes y cumplieron el protocolo. Sólo eso. No más.
En resumen las comparecencias son: loas, un cuestionamiento, loas, números, estadísticas, loas, agradecimientos, otro cuestionamiento, loas, agradecimientos, loas, preguntas que ya saben de antemano las respuestas, loas, loas y agradecimientos.
Ya “chole”, caray.
Desde hace ya varios años, unos ocho o nueve, quizá, sólo acuden al “llamado” del Legislativo estatal, los titulares de las dependencias, digamos más cómodas o poco cuestionables.
La oposición se ha cansado de meter iniciativas para modificarlo.
Hoy es el PRD, a través de Jorge Valdés; en la anterior legislatura lucharon, por un lado Manglio Murillo del PAN y, por otro, Alejandro Ceniceros del PT; pero también Diana Chavira, Jorge Díaz Casillas; Julio Martínez Infante, Alejandro Sáenz, Pedro Alonso Pérez y un sin fin de personajes de oposición han tratado de cambiar ese formato en especial.
¿Por qué no llamar a todos los funcionarios? Es la pregunta que se hacen.
Hoy fueron Desarrollo Rural; Medio Ambiente; Trabajo; Educación; Desarrollo Social y el General de Gobierno.
En otros años sólo se citó a los titulares de Educación, Salud, Desarrollo Social; Desarrollo Urbano; Desarrollo Rural, quizá al de Obras Públicas, al Secretario General del Gobierno y párele de contar. Ni uno más, ni por equivocación. Es decir, casi siempre los mismos.
Ahora fue lo mismo… sí, lo mismo.
Tres fueron a Comisiones y los otros tres al Pleno.
¿Qué dijeron? Nada.
Ni ellos lo entienden.
Dan cifras y más cifras; números y más números; estadísticas y más estadísticas, que por lo regular son casi las mismas de cada año, sólo le aumentan un porcentaje como señal de avance. Y quizás sea cierto.
Después hay una postura de cada diputado representando a un partido político. Luego una segunda intervención del funcionario, después dos sesiones de preguntas y respuestas y al final una última intervención del funcionario, quien emite un mensaje político; y a algunos ni eso, sólo un agradecimiento y su disposición para cualquier llamado, pero si se los hacen en otra época del año, no van.
No hay autocrítica; quizás solamente un “sabemos que no es suficiente y que debemos redoblar esfuerzos”.
No permiten grandes cuestionamientos y si los hay, evitan el debate o la discusión. No hay diálogos ni réplicas. El legislador pregunta lo que quiere y el funcionario responde lo que se le pega la gana.
Las sesiones son aburridísimas. Tediosas. Nadie las aguanta. Nadie sale de dudas. Todo mundo quiere que termine pronto la “comparecencia”.
Hay algunos Secretarios que llevan hasta porra. Sí, en serio. Van con sus principales sub secretarios y éstos a sus directores y los directores a los subdirectores y éstos a su vez a los jefes de departamento. Ya todos juntos hacen montón y aplauden como si el servidor público fuese un torero e hiciera una gran faena. Cuando los cuestionan, abuchean al legislador crítico como si fuera el árbitro y no marcara una falta a su favor. Y al final lo despiden entre aplausos. Y no lo sacan en hombros porque ya se vería como mucha lambisconería. Pero así es.
Por eso, es necesario cambiar ese formato. Hacer una verdadera comparecencia de cada uno de los Secretarios. De todos los que conforman el Gabinete. No de unos cuántos.
Hay varias iniciativas en el tintero. Deberían darles una checadita y, en serio, modifiquen y que sirvan los informes como una verdadera pluralidad y democracia en la entidad.
Háganlo, es por el bien de todos.
Entiendan, la gente no quiere discursos baratos en esas comparecencias.
La gente quiere escuchar y salir de dudas. Un verdadero informe, no sólo de logros, sino también de la falta en el cumplimiento de metas.
PUNTO FINAL.- Una cosa es ser disciplinado y otra muy diferente, servil.
Twitter: @Mauri_Zapata





