Ciudad de México.- Por primera vez en 17 años, la revolución que inició Hugo Chávez y que parece imbatible podría sufrir su primera derrota, en las elecciones parlamentarias que se celebran hoy, lo que, de ocurrir, sería el principio del fin de un modelo de Estado —el “socialismo del sigloXXI—, que el ex mandatario venezolano soñó que podría ser replicado en toda América Latina.
Las encuestas, incluso las oficiales, anuncian la victoria de la opositora Mesa de Unidad Nacional (MUD), por lo que, de cumplirse estas previsiones surgen dos dilemas: el primero, si la autoridad electoral (denunciada en reiteradas ocasiones por su sumisión al gobierno) va a reconocer en la misma noche electoral esa previsible victoria opositora, y el segundo y no menos importante, si el chavismo va a permitirse perder el control del Legislativo.
“Escuchen”. El presidente Nicolás Maduro ya advirtió durante la tensa campaña electoral, que se vio sacudida por el asesinato de un militante opositor en pleno mitin, que “en el escenario negado y transmutado [lo que quiera que esto signifique] de que la oposición llegara a ganar “nosotros no entregaríamos la revolución”.
En una entrevista a la televisión pública, Maduro advirtió que, bajo ese escenario, gobernaría “cueste lo que cueste y como se”. Y añadió: “Con el pueblo, siempre con el pueblo y en unión cívico militar”.
El que avisa no es traidor, y para rematar sus palabras, añadió: “Quien tenga oídos que entienda, el que tenga ojos que vea clara la historia, la revolución no va a ser entregada jamás, escuchen”.
Plebiscito. Los cerca de 19.5 millones de venezolanos que pueden votar hoy no solo decidirán los 167 diputados que se sentarán durante los próximos años en la Asamblea. Quién se presenta es, en esta ocasión, lo de menos. Las elecciones se han convertido en un plebiscito sobre la gestión del presidente, Nicolás Maduro, que a todas luces ha sido desastrosa, no sólo para la oposición, que ha sido reprimida como nunca y sus líderes encarcelados, como Leopoldo López, condenado a 13 años de cárcel, sino también para la clases populares, que ha tenido que sufrir el desabastecimiento y largas colas para conseguir productos básicos.
Para contrarrestar este descontento, el régimen ha usado todos los recursos para potenciar al máximo la campaña del miedo, con la amenaza de que, si ellos no controlan la Asamblea Nacional, se acabarán los subsidios.
Hoy se verá si esa campaña ha surtido efecto y el oficialismo vuelve a ganar o pierde por la mínima, lo que haría muy difícil que un Legislativo opositor pudiera desactivar las leyes más polémicas del chavismo.
La meta de los chavistas es conquistar al menos una mayoría simple, esto es, 84 escaños, y la de los opositores, alcanzar los 100 diputados, con los que podrían emitir votos de censura contra el gobierno. En manos de los venezolanos que hoy sea el inicio del fin del experimento chavista o si, por el contrario, se aferran a una revolución que en su vertiente sudamericana ya perdió Argentina, con la derrota del kirchnerista Daniel Scioli, y podría perder Brasil, si se consuma la destitución de Dilma Rousseff.





