Apenas iban 15 días de campaña.
Baltazar Hinojosa tenía agendado un evento más con las llamadas “Magnolias”. Era uno de los tantos que tuvo con esas señoras.
Fue en Ciudad Victoria.
Esos eventos fueron muy selectivos. No cualquier señora iba. Y si eran de colonia, menos posibilidades tenían de entrar.
Resulta que una seccional se sintió con el derecho de llevar a su gente, a sus mujeres, puesto que era una reunión de puras priistas y el evento, o mejor dicho, el salón privado en donde se llevó a cabo el acto estaba dentro del territorio de esa seccional.
Cuando llegó con sus 50 mujeres, todas con la ilusión de conocer a su candidato y con todas las ganas de votar por él, no las dejaron pasar.
“No puede usted pasar; usted no es Magnolia”, le dijeron a la entrada.
La seccional preguntó por qué no podía entrar si ella era priista “de a pie”, de muchos años y sus 50 mujeres le garantizaban 200 votos, quizás más.
“Pues no entra”, le reiteraron la orden. “Ahí cuando vaya a su colonia ven al candidato, ahorita es un evento especial”, le señalaron.
La seccional insistió. “A lo mejor no va a mi colonia, pero mis mujeres lo quieren saludar”.
“Pues si lo quieren saludar espérese a otro evento. La semana que entra regresa a Victoria y va a tener uno con obreros, a lo mejor ahí sí las dejan entrar”, le dijo al señora encopetada.
La seccional se sentó en su macho y dijo, “pues ahora no me muevo y háganle como quieran”.
La persona encargada de la entrada fue muy molesta con una de las coordinadoras que estaba terminando de acomodar unas flores y se ponía de acuerdo con otro coordinador, muy finito él.
“Oiga, allá afuera hay unas nacas que quieren entrar”, dijo la encargada de la puerta sin percatarse de que atrás de ella había entrado la seccional y escuchó la manera en que se expresó de ella y sus 50 mujeres.
No reclamó. Sólo dijo, “yo soy esa naca a la que se refiere la señora”.
A la coordinadora no le quedó de otra más que dejarla entrar.
“Pero sólo entran tú y cinco más. No puedo dejar entrar a nadie más”, le dijo.
La seccional aceptó. Ella quería ver y saludar al candidato.
La de la puerta ordenó a un mesero sentarlas lo más alejado del presídium y además que no las dejara entrar al baño.
El resto de las 50 mujeres se quedaron afuera a echarle porras al candidato.
Baltazar llegó y les devolvió las porras con una mano levantada y una sonrisa muy a fuerzas.
La seccional, ya con mucha experiencia en este tipo de eventos, sin que nadie se diera cuenta llegó hasta donde iba entrando el candidato para saludarlo.
Cuando lo vio, lo jaló de la mano para acercárselo. El candidato agitó el brazo para quitarse la mano de la seccional y le dijo “¡no me toques!” con una cara de enfado muy cuestionable.
La seccional se sintió.
Ella quería hasta bailar con el candidato. Está acostumbrada a eso.
Un colmilludo Óscar Almaraz la tomó de la mano y la abrazó. Le dijo que le daba gusto verla y que qué bueno que había ido al evento. Le dijo que la invitaba a un recorrido que iba a hacer por unas calles cerca de su colonia y la despidió con un beso y un abrazo.
La seccional salió del evento. No se quedó ni siquiera a que empezara.
“Pelao mamón”, se expresó de Baltazar. “¿No le han dicho que está en campaña o qué?”, dijo.
“No nos pueden tratar así si nosotros somos las que trabajamos para que el voto sea para el PRI, las monas estas magnolias, no. No entiendo por qué hacen tantas diferencias, así no se puede”, dijo la mujer.
Lo anterior lo platicó esa seccional a Punto por Punto hace algunos días.
Hay gente que trabajó en la campaña priista y dice que ese tipo de actitudes del candidato fueron muy constantes.
Con esos argumentos, ¿todavía se siguen preguntando “qué pasó” y siguen tildando de “traidores” a los que no votaron por él?
PUNTO FINAL.- “Quien no sabe mostrarse cortés, va al encuentro de los castigos de la soberbia”: Fedro.
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