En los primeros 45 minutos del partido anterior, Ignacio Ambríz tenía al americanismo encima, pedían su salida y se hablaba de un equipo roto. Sin embargo, tras culminar la voltereta heroica ante el Cruz Azul, el técnico americanista recobró el aliento y goza de un nuevo aire en Coapa.
Por ello, el paraguayo Bruno Valdez no dudó en asegurar que el interior del equipo está más fuerte que nunca, y desmintió cualquier tipo de fractura entre los jugadores y Nacho Ambríz.
“Para mí nunca se rompió el vestidor, al contrario, estuvo muy fuerte. Nos cerramos en torno a nosotros y jamás pensamos en que se fuera a ir Nacho Ambríz”.
Algo de razón tendrá el paraguayo que llegó hace dos meses al América, y aunque el Clásico ante Chivas y la lesión de Darwin Quintero desnivelaron al equipo, el buen ánimo regresó y se notó en la sesión de ayer.
Nacho Ambríz fue un jugador más, con la gorra volteada y sudadera amarilla, entró en la tanda de toritos de hasta ocho jugadores. Era uno más, Nacho el amigo, el estratega, el redimido por un clásico ante Cruz Azul que sacaron con poco futbol y mucho pulmón.
El técnico ríe y bromea cuando pierde la pelota, dice guey como si se tratara de un aficionado y le imprime mucho ímpetu a la hora de recuperar el balón.
Por ahora no parece sufrir mucho, a pesar de que no tendrá a Rubens Sambueza para el partido contra el León, al acumular cinco amarillas. Sin embargo, Renato Ibarra se perfila como titular.






