“Dime, bravo capitán, por qué son los malos tan fuertes. Dime por qué los ángeles no duermen si el diablo no apaga la luz.” – Tom Waits (Mr. Siegal)
El escrito a continuación, para variar, no contiene mensajes políticamente incorrectos o ironías. Es un mensaje sincero hacia Francisco Javier García Cabeza de Vaca, que hoy entra en funciones como gobernador constitucional de Tamaulipas.
Originalmente, había planeado escribir esto y remitirlo directamente a la oficina del Señor Gobernador, pero sinceramente creo que la van a agarrar y a tirar por ahí. Hay más chances de que la lea si es por este medio.
Y comienzo:
Señor Gobernador, primero que nada quiero felicitarlo por el momento histórico que supone su llegada al Poder Ejecutivo Estatal. Mucho se ha escrito acerca de este momento, y ahora que sucede genera aún más expectativas de las que surgieron desde el momento en que fue declarado ganador en los comicios del pasado junio.
El motivo de esta carta es reiterarle la responsabilidad que recae en su persona a partir de este día. En sus manos están las decisiones más importantes de Tamaulipas, de aquí al 2022. Serán seis años largos y llenos de desafíos para los que, espero, esté plenamente preparado. Si no, cuenta usted con el apoyo y asesoría de su gabinete.
Confíe, pues, en sus hombres y mujeres de confianza, designados para ayudarle a tomar una decisión acertada. Confíe, pero exija, también. Exija de los funcionarios a su cargo un trabajo diligente y completo, que no deje dudas sobre la acción a tomar.
Reitero: Toda decisión que tome, a partir de ahora, tendrá repercusiones de un nivel que usted posiblemente no habrá concebido antes. Estará bajo el escrutinio constante de la población tamaulipeca; somos tres y medio millones, sin contar los inmigrantes y los invisibles.
En Reynosa, según constan reportes, hizo usted un buen trabajo como administrador público. A nivel estatal, la calidad de su trabajo administrativo tendrá que multiplicarse por 43. Esta tarea le será imposible si practica el divisionismo; opte usted por acercarse a todos y a acatar todas las opiniones.
La humildad será un factor imprescindible en su labor como gobernador estatal, porque le permitirá escuchar las ideas de sus rivales, contrastarlas con las suyas y de ahí discernir cuál será la mejor, para implementarla.
Esa misma humildad debe recordarle, en todo momento, que a pesar de ser usted Gobernador de Tamaulipas, es un servidor público. Su cargo no es para usted, es para los tamaulipecos. La labor de su gubernatura es para los tamaulipecos. Si su carrera política tiene en miras utilizar este cargo como un salto a mejores encomiendas, deje que sea su labor y el agradecimiento de los tamaulipecos los que aboguen por su cargo. Es mejor ser un ciudadano amado por su pueblo que un gobernador repudiado por sus gobernados.
Hágase, pues, amigo del pueblo. Hágase amigo de los pacientes, no de los hospitales. Hágase amigo de los burócratas, no de los secretarios. Hágase amigo de los pescadores, no de los empresarios. Hágase amigo de los obreros, no de los petroleros. Hágase amigo de los panaderos, de los artesanos, de los albañiles, de los estudiantes, de los presos, de los insurrectos y de los desfavorecidos.
Haga usted todo eso, señor Gobernador, y le aseguro que Tamaulipas lo amará. Haga lo suyo, gobierne con prudencia, con humildad y con sabiduría. Y recuerde que, desde el momento en el que juró como Gobernador, usted firmó un contrato con nosotros, los tamaulipecos.
Desde el momento en que su boca pronunció las palabras “Sí, ¡protesto!”, usted adquirió un compromiso con la población estatal. Y ese compromiso está ratificado por la confianza que le dieron los votantes el cinco de junio. Recuerde, en sus momentos más íntimos, que su deber está consagrado al bienestar de Tamaulipas.
Haga usted todo eso, y le aseguro que los tamaulipecos, de buena gana, con el orgullo y dedicación que nos define como Estado de la República Mexicana, haremos nuestra parte. Sea un líder para nosotros y le seguiremos sin ningún reparo. Falle en su encomienda y se lo recordaremos cada día de su vida, a partir de hoy.
Se lo dice, sinceramente, un ciudadano tamaulipeco que desea creer en su promesa de que hará de nuestro Estado un ícono brillante de prosperidad y bienestar en la nación.
Adendum: Hace hambre.
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