Todo parece indicar que este nuevo gobierno le va a apostar al paso de tortuga: Lento, pero seguro. Y al igual que la fábula, lento y seguro gana la carrera contra rápido y ladino.
Los pocos que se han dejado entrevistar dentro del gobierno estatal comentan exactamente lo mismo: Harán las cosas bien, pero a su ritmo, detenidamente, porque no quieren pasar nada por alto que después pueda regresar y agarrarlos desprevenidos.
Especialmente si se trata de las finanzas estatales. Ese departamento literalmente está revisando cada acta con lupa, letra por letra, para poder reportar al Gran Jefe Cabeza de Vaca (suena a nombre de indio piel roja, de modo que “ansina” le voy a decir) lo que dejaron y no dejaron las gentes de Torre Cantú.
Antes ya había ponderado en este tema y lo reitero: Si no se sabe con qué se cuenta antes de comenzar un proyecto, el proyecto va a fracasar. Y el proyecto es el de mejorar Tamaulipas a toda costa, cosa que no se antoja nada fácil por los problemas multifactoriales que asedian al Estado.
Por lo pronto, las alertas están encendidas en los rubros de agricultura, seguridad, economía, empleo y salud. Llevan encendidas un buen tiempo y quizás seguirán así otro tiempo más. El foco de esas alertas, un bulbo de cien watts pintado de rojo no tiene switch, sino dial. No se va a apagar de golpe, sino poco a poco.
Hablando de seguridad, ya es temporada de bolas blancas y bolas negras. No, no estoy hablando de perros dálmatas, sino del Servicio Militar Nacional. Aquí tengo que ser sincero con algo: Todos los liberales y justicieros de redes sociales que opinan que el Servicio Militar es anticuado y que no sirve para nada saben tan poco de disciplina como saben de fornicación.
Esa disciplina que se imparte por el Servicio Militar Nacional es una de las cosas que más falta hacen en las escuelas, en la vida cotidiana, en la enseñanza de los hombres y mujeres mexicanos. Yo lo constaté personalmente; me tocó marchar y marché, una experiencia que me hizo crecer en muchos aspectos.
Este año, 650 jóvenes fueron sorteados para marchar. Ojalá que todos los sorteados asistan al 77 Batallón y se ganen su cartilla militar liberada, porque serán 650 jóvenes disciplinados, educados y versados en los valores del patriotismo y del orden civil.
De ahí surge un punto importante en el esquema del porvenir tamaulipeco. De haber más jóvenes con una disciplina más firme y fuerte, fácilmente habría menos corrupción y más seguridad pública. Este discurso es el de la moralidad civil, aspecto que también está por los suelos pero que nadie en las oficinas de gobierno, hasta la fecha, ha tocado.
Está la cuestión de la deserción escolar, de que hay cada vez más jóvenes delincuentes y pocos policías para mantener el orden. ¿Por qué? Porque no aman a la sociedad en la que viven. ¿Y por qué habrían de amarla? ¿Qué ha hecho Tamaulipas por los tamaulipecos?
Y lo más importante: ¿Qué hará Gran Jefe Cabeza de Vaca para que la sociedad ame la sociedad en la que vive? Las acciones que emprenda su administración, paso a pasito, tendrán que contemplar esa moralidad cívica, o de lo contrario vendrá el status quo, y de ahí, el fracaso.
EL BLUES DE TRES COLORES
“Ni modo, Duarte, parece que sí te va a tocar bailar con la más fea”, se entreoye en las voces del Revolucionario Institucional. Analistas políticos (y uno que otro rufián) ya comentan por ahí que el ex gobernador de Veracruz no tendrá para dónde correr.
El PAN viene decidido a recuperar la Silla Grande y el PRI a conservarla. La cosa va así: Miguel Ángel Yunes llevó la alternancia a Veracruz, y al hacerlo encontró un estado al borde del colapso. Lógico, no le hizo nada de gracia, por lo que no tuvo ningún reparo en exponer las maldades de su predecesor.
Encendida la hoguera, listo el nudo del mecate, afilada la guillotina y cargados los fusiles, se oyó un grito: “¡Alto! ¡Alto! ¡Paren la ejecución de ese hombre!”. Y vino entonces el punto medio de la situación. PRI y PAN se beneficiarán el uno al otro sacrificando a Javier Duarte, que en la maquinaria de sus planes no sirve ya mayor propósito que el que sirve un pavo en víspera de Navidad.
Para el PRI era eso o caer todavía más bajo en su ya de por sí baja credibilidad y popularidad. Y para el PAN era eso o “cantársela” a Presidencia y pelear contra una bestia herida pero aún peligrosa. No por nada el PRI ha durado lo que ha durado en el poder.
Hecho eso, se llega a un punto medio en la campaña por la Silla Grande donde ambos empiezan relativamente en la misma línea de arranque. Lo que es innegable es que el inicio de la contienda llegó con un año de antelación. No es oficial, pero así es. Y quien sepa caminar con cuidado llegará a la meta.
Adendum: El profeta del fin de los tiempos se apareció ante Signor Perrucini, educado cofrade de mi círculo más íntimo de amistades. Se encontraba desnudo, mojado por la lluvia y con un velo sobre la cabeza. Le dijo: “Los niños grandes no lloran”, y luego salió huyendo, con la chufla al aire sin ningún reparo ni pudor, y se perdió en la noche.
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