“El pez piensa en su hambre, no en el pescador. Es el maestro quien acude al discípulo.” – El Hechicero (“La montaña sagrada” de Alejandro Jodorowski)
La contradicción entre el discurso y el ejercicio político son algo que acompaña casi de forma fehaciente cada administración en la historia de México; la ciudadanía espera que esta sea la excepción, así como los británicos esperaban que los Nazis no bombardearan su hogar durante la Segunda Guerra Mundial.
¿Por qué es tan necesario para la población esperar lo mejor en lugar de exigirlo? Será porque es lo más fácil o porque es lo acostumbrado. La tendencia mexicana hacia lo placentero nació con la muerte de Zapata, me comentó un estimado amigo.
Comento esto porque, en la tercera semana del arribo de las nuevas administraciones, comenzaron ya los reportes de opacidad y desbarajustes en las obras que se habían emprendido.
Aunque hay servidores públicos dentro de la nueva ola del gobierno que ejercen sus cargos de forma humilde y admirable, hay quienes todavía no se enteran que su trabajo consiste principalmente en el servicio de la comunidad tamaulipeca. Pero tarde o temprano aprenderán. Y, quizás, más temprano que tarde.
Un estudio emprendido por la Academia Interamericana de Derechos Humanos y difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía analizó la transparencia y calidad de la información en 204 municipios de la República. Tlajomulco, en Jalisco, ostenta el primer lugar. Su administración no es priista o panista, sino de Movimiento Ciudadano.
¿A que no adivinan en qué posición está Victoria? Empata en el lugar 199 con San Felipe, Guanajuato, con tan solo tres puntos de aprobación de cien.
Esto no es culpa de la actual administración municipal, pero sí será su responsabilidad mejorar esa calificación, pues la interpretación que arroja este estudio señala que en Victoria la transparencia, el acceso a la información de manera expedita y de calidad, así como la participación de la ciudadanía en las decisiones del ayuntamiento, son inexistentes.
Sí, eso dice textualmente el documento: Inexistente. En Victoria no hay tal cosa como la transparencia y la voz del ciudadano de a pie es ignorada tajantemente.
¿Qué se puede hacer para contrarrestar esta situación? La burocracia dirá que debería existir un reglamento especializado para la atención de estos casos. Que debe haber comisiones, escrutinio, apertura con la ciudadanía.
La respuesta es mucho más sencilla: Sólo digan las cosas como son y punto. Si es verdad que la información pertenece al ciudadano, ¿por qué, entonces, tiene que haber todo un proceso tortuoso e ineficiente para entregar la información?.
Ahora, lo único que provoca tanto barullo con dar a conocer la información específica es que hacen pensar que hay cosas que la burocracia no quiere que se sepa. Pero qué va, ese no es el caso, ¿verdad?
Por lo pronto, hay varios temas que deberían salir a la luz si la nueva administración municipal quiere consolidarse y estar al mando por un buen rato. Ejemplos de ello son los recursos con los que se financiarán los bacheos, las luminarias, la recolección de basura, los pagos a nómina y la modernización escolar.
Algo muy lamentable es que en la Capital hay tantos sectores tan empobrecidos que se conformarán con que les lleven las obras que piden, sin exigir más que eso. Existe una teoría del comportamiento social que refiere que las comunidades urbanas se satisfacen sólo con su propio bienestar y rivalizan con otras.
La realidad está en que esta división social es más perjudicial que beneficiosa; se ve resumida en el viejo proverbio de que al mexicano sólo le importa su éxito personal y si ve a alguien más triunfar, busca arrastrarle a su nivel en lugar de superarle. Pero eso ya es OPP.
A profundidad, existe una cantidad enorme de situaciones que deben solventarse para que exista la transparencia en la comunidad victorense. No va a llegar, insisto, con una comisión o una política interna: Va a llegar diciendo las cosas como son.
Ya lo mencionó Oscar Almaraz el miércoles, procederán con todo el peso de la ley contra la corrupción. A ver si es cierto: Que caiga grueso, que caiga quien caiga y que devuelvan la lana.
EL BLUES SIN RASTRO
¿Qué tan mal tiene que estar la situación para que te asuste, de verdad te asuste y te cause pavor, pedir ayuda? Sólo un puñado de gente lo sabe, y esas personas se reunieron con Francisco García Cabeza de Vaca.
Desde el año 2010, familiares de esas personas habían desaparecido sin dejar rastro alguno, pero jamás denunciaron la situación porque desconfiaban de las instituciones que juraron protegerlos y hacer valer sus derechos.
Esos son sólo 15 nuevos casos que salieron a la luz; Dios sabrá de los que siguen sin denunciarse, de los que de plano ya los dieron por muertos. Y el Gran Jefe Cabeza de Vaca se comprometió a dar con su paradero, no en el tiempo que tome, sino pronto. Lo más pronto que se pueda.
Con ello, el Gobernador se comprometió a un desafío todavía mayor: Le da un año y medio de vida a la delincuencia en el estado. Cómo lo hará es un enigma, pero más vale que tenga un plan y que no sean sólo habladas; los votantes le apostaron a su discurso de erradicar la violencia y el delito, y lo que se da también se puede quitar.
Adendum: Oscar Almaraz instaló bancas y juegos en un área verde frente a mi domicilio. Llegó 15 años tarde; habría gozado en sobremanera de esos columpios cuando era un niño, pero nunca es demasiado tarde. Divertirse es para niños de todas las edades.
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