Entre las medidas inmediatas que seguramente tomará el presidente electo estadounidense, Donald Trump, hay una que se encuentra en el límite de la preocupación y la envidia tal es el caso de la deportación masiva de alrededor de tres millones de personas con antecedentes criminales libres o encarcelados, que vale aclarar no todos son mexicanos.
Preocupación, porque a los norteamericanos les importa un cacahuate las consecuencias que pueda traer, fuera del límite territorial, cualquier medida que tomen. Basta ver las expulsiones de indocumentados a cualquier hora, de día o de noche, y algunos casos sin avisar a las autoridades mexicanas lo que ocasiona que vengan revueltos quienes cometieron delitos graves y leves, pero lo peor es que son reclutados por igual.
Envidia, porque las autoridades estadounidenses sí tienen la capacidad no sólo de tener ubicados a quienes fueron a ese país a delinquir, sino de capturarlos sea el número que fuere y librarse de ellos en muy pocos días, mismo periodo en que podrán devolverle la tranquilidad a las ciudades y pueblos, cosa que ni siquiera en una colonia de nuestra sufrida y convulsa Ciudad Victoria se puede imaginar.
Eso es dentro del terreno de lo real o de lo viable para nuestros vecinos del norte, porque a menos de una semana de haber sido electo Trump ha dejado en claro que así como limpiará las calles y cárceles de indocumentados que han quebrantado la ley, también respetará, por ahora, la estancia de quienes sostienen una parte importante de la economía de ese país.
Al margen de las convulsiones económicas que ha generado el suceso, se espera que ese cambio de tono a uno menos amenazante, venga ya no digamos a bajar el precio del dólar sino cuando menos a estabilizarlo, pero además hay muchas advertencias de campaña que ni siquiera a los más rancios racistas norteamericanos les conviene, pero que apoyaron para evitar que se siguiera dando espacios y poder a las minorías que han convertido a ese país en potencia.
Lo grave para el país sin duda es que tiene al enemigo dentro, personificado en quienes piensan que no es momento de nacionalismos y etiquetan con ese sentimiento el llamado a consumir lo hecho en México, a dejar de comprar en las grandes cadenas trasnacionales. Porque son los mismos que obvian la necesidad de reforzar la inversión en sectores por sexenios desfavorecidos, como el campo y la pequeña y mediana empresa.
Los envidio señores nacidos y naturalizados estadounidenses, pero sólo porque ustedes muy pronto recuperarán la paz, seguridad y tranquilidad que nosotros no hemos podido disfrutar desde hace más de seis años y sabrá Dios por cuántos años más.
APUNTE.- Tiene razón el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca cuando lamenta que apenas podrá ejercer en 2017 menos de 48 mil millones de pesos, pues lo hace pensando en la exagerada deuda que le heredaron que representa más de la tercera parte de lo asignado al estado en el Presupuesto de Egresos de la Federación.
Sin afán de restar méritos al cabildeo hecho por los legisladores federales de todos los colores, hay que recordarles que su lucha por allegar recursos a la tierra que los vio nacer apenas comienza, el logro de haber aumentado el monto previsto inicialmente si acaso les servirá para una carga rápida de pila, pues de inmediato hay que ir por más y estamos hablando desde el primer segundo del 2017.
Tal vez las declaraciones sobre lo hecho para obtener esos 48.4 mil millones, redondeando cifras, hayan servido para atraer reflectores, pero los cálculos y el conocimiento sobre las necesidades que tiene el estado los tiene García Cabeza de Vaca, así que caminando y…
PENDIENTE.- Hay ex alcaldes que ya se sienten a salvo, pero el río Guayalejo se llevará al menos a uno. Es cuestión de días para conocer no sólo el quebranto, sino el exceso y la forma en que se burlaron del Estado, la Federación y principalmente de sus gobernados. ¡Abran cancha en Tamatán!
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