Aún se sigue hablando de Andrea, la pequeña que corrigió al titular de la Secretaría de Educación Pública por pronunciar mal la palabra “leer”.
Cuando yo estaba en sexto de primaria, me atreví a corregir a una maestra. Me fue como en feria. Me castigaron, bajaron puntos. Me llevaron a la Dirección y mandaron citatorio a mi mamá. En la casa me regañaron y en la escuela los profesores me exhibieron con los demás compañeros y me colocaron en estigma de “rebelde”.
Hoy las cosas son diferentes. La pequeña Andrea es una heroína y las redes sociales hablan mal de funcionario y bien de la niña.
No sé hasta qué punto esté bien corregir a una autoridad. También debemos entender el respeto, la prudencia, la educación y la disciplina. El asunto es que el propio Aurelio Nuño sigue siendo blanco de críticas.
Pero, ¿quién sí y quién no tiene derecho a criticar y cuestionar?
Hemos visto muchísimos ejemplos en los últimos años.
En una ocasión una chica, hija de una lideresa del PRI en no sé qué entidad llamó “nacos” a unos manifestantes que le prendieron fuego a una de las puertas del Palacio Nacional y al final escribió en su cuenta de Facebook “luego porqué los queman” en referencia a los estudiantes de Guerrero.
Después otro chico, también priista reprochó las manifestaciones de los estudiantes del IPN y de un grupo de izquierdistas que también mereció el linchamiento de la gente.
Recordamos aquella frase “prole” y “bola de pendejos” que tuiteó Paulina, la hija de Peña Nieto cuando éste andaba en campaña. Y muchísimos ejemplos de gente que, incluso, le ha costado su trabajo por opinar en redes sociales.
De ninguna manera justificamos los insultos y las provocaciones. Lo que hicieron los ejemplos anteriores es reprobable y ya todos tuvieron la sanción que deberían de tener.
El asunto es que quienes más se quejan y se quejaron en su momento de los insultos de todas estas personas son los que se la pasan insultando y criticando en todos lados. Son los que se la pasan provocando e incitando a la violencia que por lo regular son simpatizantes de la izquierda mexicana y la mayoría seguidores de Andrés Manuel López Obrador.
Sí, son los mismos que le llaman “pendejo” a cada momento al Presidente del país.
Son los mismos que le decían alcohólico y asesino a Felipe Calderón.
Son los mismos que llenan de insultos y llaman estúpidos a los que votaron por el actual mandatario federal.
Son los que llaman “huevones” a los legisladores y van y les avientan huevos o jitomates a sus vehículos o a los propios políticos.
Son los que insultan, saquean y hacen desmanes en cada manifestación que realizan.
Esos que se quejan, en su mayoría, son aquellos que se la pasan linchando mediáticamente a cada miembro del sistema de gobierno.
Son los que confunden un insulto con la libertad de expresión.
Son como el niño gandalla de la escuela que se la pasa friegue y friegue, pero cuando se la hacen a ellos, no se aguantan.
Insisto, no justifico para nada los insultos ni las provocaciones de los primeros ejemplos que describí en esta columna, pero lo que sí reprocho es que quien se queje sean aquellos que se la pasan insultando a medio mundo.
Por eso el título de la columna de hoy: ¿Quién sí y quién no?
¿Quién sí tiene derecho a insultar, vituperar y maltratar y quién no?
¿Por qué unos sí pueden cuestionar y otros no?
PUNTO FINAL.- Hay aquellos servidores que hasta en lo gris son imperfectos.
Twitter: @Mauri_Zapata





