Con el incremento a los combustibles pareciera que el emblema del presidente mexicano Enrique Peña Nieto, de “Mover a México” quedó sin efectos, pero contrario a lo imaginado los ciudadanos de las 32 entidades han manifestado de diferentes manera su repudio a los incrementos a estos conceptos de la economía empresarial y familiar.
Pero el impacto de un incremento tempranero a los principales combustibles lo mismo favorecen o afectan al sector empresarial de cualquier ramo, al igual que a los obreros, estudiantes y amas de casa y los industriales.
Definitivamente que también desalientan el crecimiento de la economía y fortalece el desempleo, la desocupación y la delincuencia. Y si acaso había gobernabilidad en este país, esta será debilitada y rebasada por las quejas, demandas y reclamos de los segmentos de la sociedad más dolida por estos incrementos.
El problema es que la circunstancia económica que enfrenta el mundo y los países en desarrollo como México no está en “el manual” de los gobernantes ni en el índice de estrategias de los especialistas en cuestiones económicas mucho menos de sus asesores.
Asimismo, los mexicanos también han mostrado un comportamiento errático ante determinados acontecimientos impulsados por sus gobernantes y minimizados por ellos y sus asesores. Y que no han medido el impacto en los segmentos de la población que menos tienen.
No en vano ni por alarmistas los dueños de los consorcios comerciales han adoptados medidas para prevenir actos delictivos que vayan en detrimento de sus capitales, de sus haberes en básicos que resultan esenciales para población.
Lo cierto es que la protesta en este país se ha convertido en un tenor permanente, desde finales del milenio anterior y que se mantiene hasta la segunda década de este segundo milenio.
A pesar de que lo se diga y afirme por parte de los gobernantes de este país, el presente año será de austeridad y se incrementará la calamidad, ante la cual serán insuficientes los programas sociales para paliar la ausencia de básicos en los hogares mexicanos y tamaulipecos.
Quizá por ese motivo los expertos en vaticinar desastres del orden económico advertían desde el último trimestre del año anterior, que el 2017 serían un año de una profunda recesión económica. Que requería previsiones en ahorro, inversiones a corto y mediano plazo. Pero sobre todo favorecer la diversificación de la actividad económica y fortalecer el mercado interno ante los intentos nacionalistas del entonces recién electo presidente de Estados Unidos.
Pero si por otra parte la presidencia de la república de los mexicanos asegura que el incremento a los carburantes es una de las fortalezas de este país, habrá que preguntarse cuáles son las debilidades.
No fue tan grato el nombramiento de Luis Videgaray como secretario de relaciones exteriores, fue cuestionado por la iniciativa privada lo mismo que por los partidos oponentes la tricolor, pero con ser el consentido le basta, aunque sin recato reconozca que es nulo su conocimiento de la encomienda recibida.
En otro orden, lamentable y preocupante el fallecimiento en cascada de funcionarios estatales y federales en la región de Nuevo Laredo, acto similares ocurrieron en esa misma región al inicio del gobierno anterior durante la fatídico 2011.






