Nueva York.- El gobierno de Donald Trump se encontró una vez más en crisis al revelarse que el procurador general Jeff Sessions se había reunido en dos ocasiones con el embajador ruso en Estados Unidos durante la campaña electoral presidencial y después ocultó el hecho durante sus audiencias de ratificación ante el Senado en enero, cometiendo potencialmente el acto criminal de perjurio y provocando llamados a que renuncie.
En un intento por controlar los daños, Sessions fue obligado este jueves a anunciar que se separará de toda investigación relacionada con la interferencia del gobierno ruso en las elecciones presidenciales estadunidenses.
En las últimas 24 horas el liderazgo demócrata ha llamado a su renuncia o destitución, mientras algunos de sus colegas republicanos presionaron por su recusación de las investigaciones en curso sobre la supuesta intervención rusa en el proceso electoral estadunidense.
Poco antes del anuncio de Sessions, el presidente Trump declaró tener plena confianza en su procurador general y dijo que no pensaba que tenía que retirarse de las investigaciones. A la vez, dijo que no estaba enterado para nada de que Sessions hubiese hablado con el embajador ruso el año pasado.
El asunto del involucramiento del gobierno ruso en la elección presidencial ha sido una sombra persistente sobre Trump desde el verano pasado, y existen por lo menos tres investigaciones separadas en curso sobre el tema; una de la FBI (agencia que depende del Departamento de Justicia que encabeza Sessions), y las otras dos por los comités de inteligencia de ambas cámaras del Congreso.
El Wall Street Journal reporta que hay otras indagatorias encabezadas por la FBI, la CIA, la Agencia de Seguridad Nacional y el Departamento del Tesoro sobre los contactos de Sessions con los rusos en 2016, en su papel de asesor de política exterior del entonces candidato Trump.
Como siempre es el caso en Washington, las crisis políticas suelen ser resultado no de algún acto indebido o controvertido, sino de esfuerzos por encubrirlo.
El Washington Post reveló el miércoles que Sessions se había reunido con el embajador ruso Sergey Kislyak en el verano, y por segunda ocasión en septiembre de 2016, cuando ya se sabía que agencias de inteligencia estadunidense estaban investigando la posible interferencia rusa en el proceso electoral.
Sessions declaró el miércoles sobre las revelaciones del Post: yo nunca me reuní con ningún funcionario ruso para discutir temas de las campaña. Es falso. Este jueves reafirmó que no se había reunido con rusos en ningún momento para discutir cualquier campaña política, y esas afirmaciones son increíbles y falsas…
El 10 de enero de este año, en una sesión para su ratificación en el Senado, a Sessions le preguntaron qué haría ante pruebas de que la campaña de Trump había tenido comunicaciones con el gobierno ruso. No estoy enterado de ninguna de esas actividades. Me han llamado suplente de esa campaña en una u otra ocasión y yo no tuve comunicaciones con los rusos, respondió.
Una semana después, en respuesta a una pregunta por escrito del veterano senador demócrata Patrick Leahy sobre si había estado en contacto con cualquier parte del gobierno ruso con quien hubiera abordado la elección de 2016, antes o después del día de las elecciones, Sessions respondió no.
Al anunciar este jueves su separación de esas investigaciones, insistió en que sus declaraciones al Senado en enero fueron honestas y correctas hasta donde yo entendía en ese momento, pero reconoció que tal vez debería haber dicho que me reuní con un funcionario ruso un par de veces.
Una vocera de Sessions declaró el miércoles al Post que no hubo absolutamente nada engañoso en su respuesta ante el Congreso, y que las reuniones con el embajador ruso estaban relacionadas con su trabajo como senador integrante del Comité de Fuerzas Armadas y no con su papel dentro de la campaña de Trump.
Con lo revelado por el Post, Sessions ahora se encuentra no sólo en apuros políticos, sino potencialmente penales. Vale recordar que el mes pasado el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Michael Flynn, fue despedido por Trump de su nuevo puesto por mentir sobre sus contactos con el mismo embajador ruso.





