Eugenio Hernández Flores es un tipo de con una enorme fortuna dentro del ámbito de la política local y nacional.
Al decir fortuna, me refiero a suerte. Suerte porque en poco tiempo logró lo que muchos en veinte años apenas llegan a tener la mitad de lo que logró Hernández.
Geño, como se le conoce y lo llaman la mayoría, se afilió al PRI en 1997. Los estatutos reformados en esa época le permitieron que tres años después fuera candidato a una diputación federal, que ganó.
Un año después candidato a la alcaldía de la Capital de Tamaulipas, que también ganó sin despeinarse.
¿Qué contribuyó eso?
Su envidiable carisma. Pero también a que le entendió al tema de la política y además porque tuvo un golpe de suerte para meterse en el ánimo de los que tomaban las decisiones en la entidad.
En el dos mil, poco antes de su postulación a la diputación, nadie daba un centavo por él en las apuestas para estar en la carrera por la sucesión de Tomás Yarrington.
Y mire, cuatro años después era el favorito.
Y ganó con cierta facilidad.
El carisma fue su principal arma proselitista. Y vaya que le sacó jugo.
En Eugenio Hernández Tamaulipas no tuvo al mejor Gobernador. No se puede decir que su administración fue buena ni la mejor. Pero se rodeó de políticos que le entendían al tema y más o menos transitó en lo regular.
Fue un mandatario regular. Pero insisto, muy querido por la gente.
Eso sí, era un tipo que sabía escuchar a sus asesores y eso le permitió no dejarse llevar por la soberbia, aunque sí por las delicias del poder que le da ser un Gobernador.
Su administración no tuvo un sello característico específico. Pero si le buscamos algo, sería la obra pública.
Durante su sexenio repartió a diestra y siniestra obras, desde una banquetita hasta el Parque Bicentenario en el último tramo de su gobierno, el cual estuvo rodeado de la polémica.
Pero también en el último tramo de su sexenio por la agudización de la violencia y la inseguridad, cuya situación remarcó con el asesinato de Rodolfo Torre, su delfín para su sucesión.
¿Que fue corrupto? Supongo que sí.
Su trato con la prensa fue cordial, demasiado cordial. Podríamos decir que hasta ayer, muchos integrantes del medio lo consideraban su amigo.
Fue hasta consentidor y muy dadivoso con la mayoría de los periodistas. Ni se diga con su grupo de consentidos.
Con la población fue bondadoso. También la consintió y se llevaba de chipo y nalgada con la ciudadanía. Persona que le pedía algo (becas, medicinas, empleos, tratamientos médicos, recomendaciones, etc.) les cumplía y se los daba.
Cualquiera podía acercarsele a él sin problemas y a todos, o a la gran mayoría, atendía. Fue raza, con el pueblo. Eso ni duda cabe.
En el terreno político no dio paso sin huarache.
Insisto, no fue un excelente Gobernador, pero tuvo a la gente contenta, al menos durante el 80 por ciento de su administración.
Ese fue Eugenio Hernández el político.
Desde luego que si se cometió irregularidades, las debe pagar. Si hizo un daño al pueblo y al Estado, debe pagarlo. Debe haber justicia, pues.
En cinco palabras: Quien la hace, la paga.
PUNTO FINAL.- “Cuando hay una tormenta los pajaritos se esconden, pero las águilas vuelan más alto”: Mahatma Gandhi.
Twitter: @Mauri_Zapata





