Lorenzo Córdova del INE, es optimista cuando habla de lo que se podrá observar en los debates de los presidenciables.
El objetivo, comenta, es que la ciudadanía conozca a fondo las ideas, propuestas y personalidad de cada candidato.
Hay incluso una agenda de tres debates: 22 de abril en la Ciudad de México, el 20 de mayo en Tijuana y el 12 de junio en Mérida.
Los moderadores designados por el Consejo General tendrán una participación, en la cual podrán interactuar de manera directa con los participantes, preguntar de manera improvisada y solicitar explicaciones.
También se estableció que los candidatos presidenciales no conocerán las preguntas para cada ejercicio, pero sí los temas.
Las Reglas Básicas también contemplan que se lleven a cabo diversos mecanismos para garantizar la participación directa o indirecta de la ciudadanía.
En una elección donde la desconfianza y la desilusión mueven a la mayoría de los votantes, diferenciarse por ideas y propuestas es la consigna de cualquier candidato.
Y vaya que neo priista José Antonio Meade, entró a la contienda con esa premisa: diferenciarse.
En una semana, le dio respuesta a lo que, con seguridad se va discutir en los debates: el Gasolinazo, Política Social, el ineficaz aumento del salario mínimo, la corrupción e impunidad, la inseguridad, sin olvidar los viejos vicios del cinismo político.
Desde hoy, Meade va cargar con los resultados, buenos o malos, de Peña Nieto y en los debates se va notar más.
Porque hoy, ya están en esa práctica.
Las declaraciones que hizo Andrés Manuel López Obrador, para conseguir la paz y pudiera dar amnistía a los que se dedican a vivir de manera no lícita, detonó el primera ‘mina’ mediática en donde abrió fuego Pepe Meade.
Los actores principales se lanzaron también contra AMLO pero no decían los resultados que se obtenía aplicar esta medida en países como Colombia por ejemplo. No se escucharon argumentos.
Todo el país externó su opinión, la mayoría indignada ante tal declaración.
Las amnistías son de carácter administrativo y sólo aplican para los hombres y mujeres que voluntariamente cambien sus acciones delictivas en pro de una participación en el medio productivo del país y no para los que están en las cárceles.
En los países en los que se ha implementado la amnistía se han aplicado medidas de participación social y democrática para canalizar la expresión de los amnistiados.
En México la amnistía no se aplicaría a delitos de orden social o político, sino de orden penal.
El sentimiento del pueblo hacia el crimen organizado se contrapone a la idea del perdón, pero cuántos de nosotros queremos que esta situación de inseguridad y desamparo continúe.
La importancia de establecer con claridad en la sociedad mexicana la posibilidad de una amnistía consiste en cobijar el dolor de madres y familias por sus pérdidas, que aun cuando ha pasado el tiempo, sigue estando muy dentro de sus almas y nublan la vida de quienes las han sufrido y promover a partir de ese momento una seguridad social que permita la tranquilidad que tanto necesitamos.
¿Qué tendría que ofrecer el gobierno para que los hombres y mujeres que se acojan a la ley de amnistía eviten volver a delinquir?.
¿Podemos vivir en paz y recordar sin dolor lo ocurrido a alguno de nuestros familiares o amigos?, ¿habría un seguimiento cercano a los amnistiados para evitar su reincidencia y ellos lo aceptarían sin queja? ¿México está en las condiciones para aplicar este modelo?
El debate es ese y seguramente tendrá que explicarse con seriedad este y los temas vayan poniendo en la agenda los aspirantes presidenciales. Ellos ya empezaron el debate.






