En toda democracia debe haber un “bueno” y un “malo”.
El “bueno” es aquél que se supone tiene el poder y gobierna. El “malo” es el opositor, el adversario que cuestiona y critica las decisiones del otro y con ello se le da un equilibrio al sistema.
En muchas ocasiones, el poder compra al “malo”; es decir, lo crea para tener un contrapeso y ese “malo” hace las veces de opositor y así dar la percepción a la gente de que son abiertos y tolerantes.
En otras ocasiones, ese “malo” existe y es real.
Lo vemos a nivel nacional. Ahí está López Obrador que ha sido el “malo” desde hace 18 años. Pero también lo fue mucho tiempo Cuauhtémoc Cárdenas y hasta Vicente Fox jugó ese papel.
En Tamaulipas desde hace poco más de diez años, el propio gobernador Cabeza de Vaca jugó el papel de “malo”. Era pues el opositor que criticaba y cuestionaba. Era un “malo” real, porque desde entonces comenzó a tejer su proyecto cristalizado en el 2016.
También jugaron ese papel otros opositores como Gustavo Cárdenas, al que muchos líderes de opinión lo califican como el “malo” comprado.
En otros tiempos fue don Jorge Cárdenas, Bruno Álvarez y hasta Carlos Canturosas (padre), entre otros.
El asunto es que ahora que en Tamaulipas gobierna otro partido distinto al PRI y que ya se acomodaron “las calabazas” para el lado azul, no se ve por ningún lado a una imagen opositora fuerte.
No se ve quién sea ese “malo” que pueda cuestionar y criticar al gobernador Cabeza de Vaca y que pueda dar ese equilibro importante que necesita la democracia tamaulipeca que ahora probó que ya no está en pañales y que ya aprendió a caminar solita.
No vemos a ningún cuadro. Ni del PRI, que por naturaleza debería adoptar ese papel ni tampoco de la izquierda, que parece estar en terapia intensiva y que no se le ve que mejore de salud.
Podría ser alguno de Morena, pero no, nadie da luz para ser el papel de “malo” en Tamaulipas. Ninguno, ni el propio Américo Villarreal que se torna como la figura ganadora de la oposición ha asumido ese papel en la entidad.
En el Congreso local de Tamaulipas también suele ser una cancha en donde se ve el peso opositor, pero hasta el momento no hemos visto a algún personaje con los tamaños para convertirse en el “malo”.
Al parecer ahora todos se volvieron “cabecistas” y avalan todo lo que diga y haga. Les parece bien todo lo que hace. Y no estamos diciendo que esté haciendo cosas mal, pero sí me parece que es saludable para la población y hasta para el propio gobierno que haya algún cuadro que se convierta en el “malo” de la época.
¿Quién pudiera ser?
¿Ven a alguien con esos tamaños?
Ni siquiera los candidatos opositores han asumido ese papel.
No es Gustavo, no es Guevara, no es Sergio Guajardo que ya se ha convertido en un personaje gris, casi inexistente.
¿Quién más?
¿Edgar Melhem? No. Él anda ocupadísimo tratando de posicionar a Meade.
¿Carlos Canturosas? No. Se perfilaba, sin embargo, con la mano en la cintura y en un abrir y cerrar de ojos lo bajaron del pedestal.
¿A quién ve usted asumiendo ese papel, ese contrapeso, esa postura… a quién?
¿Quién podría asumir ese papel; quién?
Hasta ahora no vemos a nadie con los tamaños para ser el “malo” del sexenio de la alternancia.
Y ya debe ser momento en que surja. Mientras tanto, Tamaulipas está vacío de oposición.
En Cinco Palabras: La oposición está a dieta.
PUNTO FINAL.- “Todos caminamos hacia el anonimato, sólo que los mediocres llegan un poco antes”: Jorge Luis Borges.
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