El afán protagónico del próximo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador lo han puesto en una inercia poco envidiable a poco más de un mes de tomar posesión del cargo.
Ha tenido un desgaste innecesario que al llegar al poder lo haría con un bajo nivel de aprobación y popularidad.
De acuerdo con estadísticas de los últimos cuatro mandatarios, la popularidad y aprobación de éstos al llegar a su toma de posesión, está en promedio en un 80 por ciento. Incluso, hasta el mismísimo Calderón tras aquel conflicto poselectoral; y hasta Enrique Peña Nieto hace seis años.
Cuando acababa la administración del presidente Felipe Calderón, Peña Nieto dejó que el mandatario en turno tuviera el liderazgo y marcará la agenda del país hasta el último día de su mandato.
Lo cual propició que el que tuviera ese desgaste, que al final de cuentas es lo más natural, fuera Calderón y no él.
De esa manera llegó al poder, en medio quizás, de dudas sobre lo que sería su gobierno, pero no de desilusionados, no de reproches. Eso vendría después, meses después.
Pero Peña Nieto llegó al uno de diciembre de 2012 aún con popularidad y aprobación de los mexicanos.
López Obrador está en esa incertidumbre y sus números podrían ser más bajos que ese promedio que le mencionaba.
Entre sus discursos, sus acciones, sus declaraciones, su actuar y su –insisto- afán de protagonismo, de marcar la agenda y de acaparar los reflectores, han provocado que ya miles de mexicanos se sientan desilusionados del promotor de la “Cuarta Transformación”.
Sólo es cosa de echarse un clavado a las redes sociales y verán los comentarios de muchísima gente que muestra, incluso, su arrepentimiento de haber votado por él.
Hace unos días, el ex candidato José Meade publicó en sus redes sociales una foto acompañada de un texto en el cual daba cuenta de su nuevo empleo en la Comunidad Europea.
En los comentarios recibidos la gente los felicitaba. De más de mil 200 comentarios, al menos mil 180 eran positivos hacia el ex secretario de Hacienda. Entre ellos, de personas que señalaban haberse equivocado al votar por López Obrador.
“Felicidades, señor Meade. Confieso haber votado con el hígado y lo hice por AMLO, ahora me arrepiento y creo que usted debió ser el Presidente de México”, comentó un tal Luis Fernández. Y muchos comentarios similares.
En varias ocasiones lo comentamos en este espacio: Pepe Meade fue un mal candidato, pero pudo haber sido un buen gobernante. Su “pecado” fue haberse postulado por el partido equivocado en el momento equivocado.
López Obrador, fue un excelente candidato durante 12 años, y por lo que vemos, hay muchas dudas de que pueda ser un buen mandatario. Ojalá esa percepción esté equivocada.
El asunto es que AMLO ha tenido el peor desgaste de los últimos 18 años. Me parece que, incluso, peor que la vez que bloqueó el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México en 2006.
La gente se muestra desilusionada y arrepentida. Las incongruencias de López en los últimos tres meses lo han provocado.
Muchos de los que serán integrantes de su gabinete han hecho cosas que han permitido también ese desencanto. Las actitudes de legisladores y miembros de Morena han contribuido.
¿Cuántos de esos más de 30 millones que votaron por el “cambio” el pasado uno de julio lo haría nuevamente?
Lo más reciente es la mal planeada y llevada consulta sobre la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Y para terminar, el haber invitado a su toma de posesión al presidente venezolano Nicolás Maduro.
¿Con qué aprobación llegará al uno de diciembre?
¿En caso de que promuevan la revocación de mandato y que se llegue a dar con toda legalidad y transparencia permitirá que la gente lo revoque?
Caray, esa es la esperanza que tienen para dentro de tres años.
Por eso la pregunta ¿Aún es un honor estar con Obrador?
EN CINCO PALABRAS.- Por pensar con la panza.
PUNTO FINAL.- El nivel de debate de algunos fanáticos es como un intestino dañado que encuentra alivio en cada palabra expresada.
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