Este texto lo redacté hace un año en ocasión del día de la mujer.
Lo quisiera repetir, porque las cosas no han cambiado.
Hablo sobre el día de la mujer. Me parece que retomarlo no es repetitivo, sino más bien, establecer que este día sólo es un protocolo y no cumple las expectativas para lo que realmente se creó y se luchó por muchísimos años.
Ahí les va íntegro…
Este ocho de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer y como cada año se realizan en muchos países una serie de actividades de todo tipo para “celebrar” a las damas, quienes por su parte (muchas de ellas) se sienten satisfechas por el hecho.
A veces no entiendo la hipocresía, tanto de las autoridades, como de algunas mujeres. Y no me refiero a lo local en particular; me refiero a todo el país y por qué no decirlo, a muchas naciones que también conmemoran éste día.
Ustedes dirán: “ay, éste ya va a empezar…”, pero verán que me darán la razón en algunos conceptos.
Las autoridades (varones): Se avientan un discurso sobre la igualdad y perspectivas de género, pero en su gabinete solo un 10 por ciento de mujeres ocupa un cargo de primer nivel o de relevancia. Claro, hay sus excepciones.
Las mujeres: Exigen igualdad, exigen derechos, incluso algunas hasta sienten que deben tener mucho más cosas que los hombres, sin embargo, se quitan el apellido de su mamá y se ponen el del marido.
Las autoridades (varones): Nos conmueven con una arenga sobre el valor de las damas y la política de su gobierno, pero cuando se refieren a sus esposas lo hacen como “mi señora” o “mi mujer” y ya en confianza, como “mi vieja”.
Las mujeres: Se molestan por la falta de espacios en los puestos laborales, pero cuando se los dan, piden tiempo porque tienen que ir a hacerle de comer al marido y atender algunas labores del hogar. Y a las que no se vieron beneficiadas con el puesto, dicen que la que sí, se acostó con el jefe.
Algunos medios de comunicación: Durante los días previos al evento hacen notas referentes al tema de la mujer, la igualdad y la perspectiva y el mero día (solo ese día) le dan el espacio principal a una dama.
Las mujeres: Creen que la igualdad de género es ser anti-hombres y hablar mal de los varones, además critican (con justificada razón) el machismo, pero defienden el feminismo que es lo mismo pero desde su perspectiva.
Las autoridades: Solo el día de la mujer y nada más el día de la mujer “pintan” de rosa las instalaciones gubernamentales y se ponen un moño alusivo, el resto del año no mencionan una sola palabra al respecto.
Las mujeres: Van por la vida peleando sus derechos y la igualdad, pero muchas no sólo se quitan el apellido de la mamá, sino hasta el del papá y adoptan como suyo el del marido y son “Fulana DE…”, es decir, pertenecientes a él.
En fin, podría enumerar muchos más ejemplos, sin embargo, no es el caso. Creo en la igualdad como lo he repetido en muchas ocasiones en éste espacio editorial. Que tanto hombres y mujeres tengamos los mismos derechos y las mismas obligaciones. Que ambos géneros tengamos las mismas oportunidades y que el más capaz sea el que desempeñe el cargo sea hombre y mujer.
Pero para que haya igualdad no se debe ser ni machista ni feminista. Para que haya igualdad debe haber las mismas políticas públicas para uno y para otro.
A veces me da la impresión que el que haya una “Comisión de equidad”; el que haya un “Instituto de la Mujer”; el que haya una “Semana de la mujer” es solo un simple apapacho o un “avionazo” para que las damas dejen de darle la lata a las autoridades.
A veces creo que algunas mujeres sólo se conforman con eso. A veces creo que algunas mujeres solo quieren hacer ruido, pero quieren seguir dependiendo del hombre.
Hay ocasiones que creo que la igualdad, la equidad, la perspectiva y todas esas palabras que se usan en estos días solo son un cliché oficial.
Hace falta mucho… muchísimo para que en verdad haya una verdadera igualdad.
Y sí creo en la igualdad por eso no estoy de acuerdo en que a las damas solo las valoren el ocho de marzo de cada año. A la mujer hay que hacerlo todos los días y la igualdad empieza desde casa.
Pero mientras esas igualdades sólo sean palabras de discurso político, seguiremos en las mismas por los siglos de los siglos.
EN CINCO PALABRAS.- Igualdad no debe ser protocolo
PUNTO FINAL.- Entre más las felicitan, más misóginos se ven.
Twitter: @Mauri_Zapata





