Muy “estimado” señor alcalde de Victoria:
Me parece que no se ha dado cuenta de lo que significa ser la primera autoridad de la Capital de Tamaulipas.
Quizás usted creyó que, con ser simpático, “diferente” y montar a caballo, se podían hacer grandes cosas por una de las capitales con menor progreso del país.
Durante sus dos campañas hizo una serie de promesas que de alguna manera provocó que la gente volteara a verlo.
El andar a caballo, llamó la atención. Prometió independencia, rebeldía (en el buen sentido de la palabra), progreso, turismo, desarrollo económico, pero sobre todo, un cambio, ya hasta ahora no se ha visto nada.
El cambio nunca llegó, ni creo que llegue. El cambio que hubo es retroceder.
La economía de Victoria está estancada. No hay avances, no hay proyectos, no hay planeación ni planificación.
Los victorenses y quienes radicamos aquí estamos sumidos en la mediocridad. Y no porque así lo queramos, sino porque la ciudad está en punto muerto.
Entre los problemas de inseguridad, la ingobernabilidad y la falta de apoyos a emprendedores, la ciudad está sumergida en una crisis que usted y sus “asesores” no quieren ver.
El problema del agua, no sólo no se compuso, sino que empeoró.
Los problemas de inseguridad siguen.
Los servicios públicos son deficientes.
Y peor aún, usted no tiene proyecto de trabajo. No se ve por dónde.
Créalo, quienes votaron por usted el uno de julio del año pasado, no lo le endosaron una ciudad para usted la use para jugar Monopoly. No.
Y usted empezó a jugar desde el primer día, al ir a patear unos postes y posar para la foto.
Su intolerancia lo llevó a tener mala relación con muchos de los sectores productivos que conforman esta sociedad: empresarios, comerciantes, medios de comunicación, constructores, deportistas y hasta campesinos y políticos.
Su papel como gestor no ha servido, porque no ha conseguido nada extraordinario para una ciudad que demanda de un gobernante serio, inteligente, eficaz, pero, sobre todo, con un proyecto que le dé sustento.
Victoria sigue abandonada. Sus calles están desechas. No hay agua, no hay seguridad, no hay un plan, no hay empleos, en suma: no hay ni siquiera una autoridad.
¿Para eso quería ser alcalde?
¿Qué tal si en vez de querer revisar los comunicados oficiales del día, mejor se sienta a planificar?
¿Qué tal si en vez de darle trabajo a sus familiares cercanos, mejor se toma en serio su papel de Presidente Municipal?
¿Qué tal si en vez de enojarse por las críticas, mejor se pone a trabajar para corregir el rumbo?
¿Qué tal si en vez de irse a bailar, mejor se pone a trabajar por la Capital de Tamaulipas?
¿Ya se dio cuenta que ni sus compañeros del partido que lo llevó al poder quieren saber de usted?
¿Ya se dio cuenta que a los eventos oficiales no lo invitan?
¿Ya se dio cuenta cómo usted es objeto de burlas en las redes sociales por parte de la ciudadanía?
¿Ya se dio cuenta que su imagen está por los suelos?
¿Ya se dio cuenta que hacen mofa de su afición a la zumba?
Analice su papel como alcalde. No lo eche en saco roto.
Si en verdad ama a Victoria como lo ha dicho en muchas ocasiones, reflexione y cambie su estilo y su estrategia de trabajo.
De lo contrario, la historia lo va a juzgar… y lo va hacer de muy mala manera.
Aún está a tiempo, señor alcalde.
EN CINCO PALABRAS.- La soberbia es su consejera.
PUNTO FINAL.- “Si no puedes gobernarte a ti mismo… ¿cómo sabrás gobernar a los demás?”: Confucio.
Twitter: @Mauri_Zapata





