El dramático hecho registrado el pasado miércoles en la parte final de la sesión ordinaria del Pleno Legislativo, cuando la diputada de Morena, Guillermina Medina Reyes, sufrió un derrame cerebral, impactó sobremanera a todos los presentes en el recinto legislativo.
El impresionante suceso, del que no hay antecedente en una legislatura local, sacó el lado sensible de todos los asambleístas. Tanto que, una vez que la diputada fue retirada del salón de Plenos, para ser trasladada de emergencia a un hospital, todos formaron un círculo para ponerse a rezar por la salud de su compañera.
Emergió el espíritu solidario de todos. En ese momento pasaron a segundo término los colores partidistas y los intereses de grupo.
Qué bueno que así haya sido, pero ojalá y que este episodio sirva para que, todos y cada uno de los diputados hagan un ejercicio de reflexión, en relación a la forma y modo en que han conducido los debates de los asuntos legislativos que son llevados ante el Pleno.
Es algo necesario porque, me parece que durante las últimas semanas las discusiones han caído en el exceso.
Incluso, hay diputados que han incurrido en bullying o violencia política, cuando desde el anonimato se burlan de algún compañero en el momento en que fija un posicionamiento desde la tribuna.
El hecho merma el ánimo del orador, sobre todo cuando se trata de algún diputado o diputada que no domina el pánico escénico al momento de tener participación en la tribuna. La diputada Medina Reyes es una de ellas.
Los debates son necesarios, e incluso obligados, pero es algo que puede hacerse con respeto y pulcritud en el discurso. Para convencer o fijar un posicionamiento se requieren únicamente argumentos sólidos y contundentes. Los insultos o estridencias salen sobrando. Para lo único que sirven es para evidenciar la incapacidad de convencimiento del orador, y para exacerbar los ánimos de sus pares.
Con mucho, esta ha sido la legislatura más activa en el debate, tanto en el Pleno como en Comisiones, pero si ese debate fuera menos agresivo sería algo para aplaudirse.
Por eso, ojalá y que en las sesiones subsecuentes haya un cambio en la forma de conducirse de todos los legisladores. Con ello evitarán otro drama en las curules.
EL RESTO.
AÑO DIFICIL. – Si el 2020 fue un año exageradamente complicado en lo económico para el Gobierno del Estado y los municipios, el 2021 será mucho peor.
La pandemia del Covid-19 y la necedad del Gobierno federal y sus diputados de Morena, de recortarle recursos a los Estados y Municipios, “ahorcarán” las finanzas públicas de los Gobiernos locales.
En ese entendido, uno de los sectores que más resentirán la estrechez presupuestal, serán los burócratas estatales y municipales.
Nos dicen que ya está listo un plan gubernamental que incluye un ajuste en las compensaciones para miles de trabajadores.
¿Y DOÑA BLANCA? .- Por cierto, la dirigente de los burócratas estatales, Blanca Valles Rodríguez, sigue desaparecida de la escena pública.
El hecho llama la atención, porque si algo caracteriza a la exdiputada priista es precisamente su gusto por los reflectores mediáticos. En la era de los Gobiernos del PRI, era una de los mejores “clientes” de los periodistas.
ASI ANDAN LAS COSAS.






