En Morena, el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador, traen una estrategia bien definida, que consiste en hacer ruido mediático con el tema de la candidatura a la gubernatura por Tamaulipas que estará en juego en junio del 2022.
Desde hace algunas semanas, media docena de personajes recibieron la instrucción de promoverse cada quien, en lo individual, a través de reuniones privadas o mediante apariciones en medios de comunicación y redes sociales.
Los participantes están plenamente identificados. Usted los conoce muy bien: Américo Villareal Anaya, Alejandro Rojas Díaz Durán, Rodolfo González Valderrama; Héctor Garza González y Erasmo González Robledo.
Cada uno de ellos trae su propia campañita en una supuesta competencia interna por la candidatura, pero en realidad el objetivo de fondo es promover la marca morena en el colectivo social tamaulipeco.
Es algo que les ha resultado fácil, sobre todo porque el único partido que podría darles competencia, el PAN, está literalmente desaparecido. Por alguna extraña razón, los panistas permanecen de brazos cruzados como si de plano no les interesara mantenerse en la gubernatura, o como si se dieran por perdidos de antemano.
Lo menos que uno esperaría es que el PAN respondiera con la misma “arma” a Morena, enviando sus prospectos a hacer tarea de campo. Pero no, el único que se mueve medianamente es Gerardo Peña Flores, el actual presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado.
Los otros dos aspirantes panistas, César, “El Truco”, Verastegui Ostos y Jesús Nader, ni siquiera han sabido sacarle provecho a su posición privilegiada en la estructura gubernamental, el primero como secretario general de Gobierno, y el segundo como alcalde de Tampico.
A ello se le añade el hecho de que la dirigencia estatal panista, encabezada por Luis René Cantú Galván, está desaparecida.
En esas condiciones, Morena ha encontrado el entorno propicio para ir seduciendo la conciencia de los tamaulipecos.
La idea de las cúpulas morenistas es que cuando se llegue el momento de “destapar” a su candidato, su nombre este plenamente identificado entre los tamaulipecos.
Y de hecho, es algo que les está dando resultado porque la agenda mediática de Tamaulipas está acaparada por los presuntos aspirantes morenistas. No hay día en que no se hable del tema en periódicos, noticieros de televisión y radio, en portales y redes sociales.
Por lo demás, con todo lo que digan el resto de los competidores por la estafeta morenista, está más que claro que es Américo Villarreal Anaya, el mejor perfilado para buscar suceder a Francisco García Cabeza de Vaca en 2022.
Aun y cuando el resto de los aspirantes insistan en sus méritos y sus nexos cercanos con el presidente, Andrés Manuel López Obrador, las señales en favor del hijo del exgobernador Américo Villarreal Guerra, son evidentes.
Basta analizar el “cobijo” que está recibiendo en los municipios que recorre, para entender hacia dónde va a apuntar el dedo morenista cuando llegue el momento de las definiciones.
EL RESTO.
“CHAPULINES”. -La diputada local de Morena, Edna Rivera López, presentó, la semana pasada, una propuesta de reforma de ley para evitar que los diputados no puedan formar parte de un grupo parlamentario distinto al del partido por el que resultaron electos.
En apariencia, la acción legislativa busca ponerle freno al llamado “chapulineo” legislativo, término con el que se conoce a esa práctica tan arraigada de muchos políticos de brincar de un partido a otro según sea su conveniencia.
Sin embargo, atrás de la iniciativa hay otra razón de fondo que es el de evitar que,en la siguiente legislatura, en la que Morena tendrá mayoría, el PAN puede maniobrar para sumar a su grupo parlamentario a diputados de otras bancadas, incluyendo la morenista.
Bajo ese escenario, aunque la propuesta es interesante y debería prosperar, difícilmente el PAN la dejará pasar. Al menos no en la actual legislatura en la que todavía mantiene el control.
ASI ANDAN LAS COSAS.






