El nuevo gobierno estatal, igual que el federal, han venido repitiendo la tesis de que los logros en materia de seguridad pública en Tamaulipas, son un mérito de las fuerzas federales y de la Guardia Nacional.
La narrativa oficial presume con insistencia esos avances, cuando destaca el hecho de que Tamaulipas figura entre los estados más seguros del país.
En su reciente visita a estas tierras, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, y los secretarios de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval, y de Gobernación, Adán Augusto López, aprovecharon el momento para insistir en el tema, y atribuirse como un logro suyo la baja incidencia delictiva en la entidad.
La realidad, sin embargo, es otra: la medalla de la pacificación del estado es del gobierno panista que encabezó, Francisco García Cabeza de Vaca.
Es una verdad irrefutable que la anterior administración fue una de las más corruptas que ha tenido la entidad. El saqueo a las arcas públicas fue descomunal, y al amparo de ellas se construyeron grandes fortunas, por lo que la sociedad está esperando que el gobierno de Américo Villarreal Anaya, tenga la capacidad y voluntad necesarias para procesar penalmente a los involucrados.
Sin embargo, insisto, eso nada tiene que ver con el mérito del gobierno cabecista en materia de seguridad pública.
¿Cómo le hicieron para acabar con aquellas narcobalaceras, con la ola de secuestros, con las masacres de familias enteras, con los descuartizamientos de personas, con las extorsiones a comerciantes o empresarios a través del cobro de “piso” y con el robo masivo de vehículos a través de asaltos carreteros, que nos agobiaban hasta el 2016 o incluso en 2017?
La verdad, nadie sabe cómo le hicieron, pero el asunto es que el gobierno de Cabeza de Vaca pudo sacarnos a los tamaulipecos de la pesadilla que estábamos viviendo desde el 2010, cuando los grupos criminales desataron una ola de terror sin precedentes.
Lo consiguió a pesar de que rompió con el acuerdo que había con el gobierno nacional, para que miles de militares y marinos hicieran tareas de patrullaje en la entidad a cambio del pago por sus servicios.
Al ya no renovarse el convenio, el gobierno federal retiró las fuerzas federales, por lo que la administración estatal echó mano de la Policía Estatal. En esa tarea, decenas de agentes perdieron la vida en el combate a los grupos criminales, lo que hace más injusto que ahora se les quiera regatear el mérito.
Insisto: soy, como miles de tamaulipecos, un convencido de que el gobierno de Cabeza de Vaca ha sido el peor que ha tenido esta entidad, pero no por ello se le debe despojar del único logro en el sexenio.
Como diría el refranero: No se vale saludar con sombrero ajeno.
EL RESTO. –
SERIA UN DESPROPOSITO. -El diputado del PRI, Edgardo Melhem Salinas, tiene toda la razón cuando advierte al gobierno de Américo Villarreal Anaya, que “con la seguridad no se juega”.
El también dirigente estatal del tricolor se refería a la pretensión de la nueva administración estatal, de desaparecer la Policía Estatal para crear una Guardia Estatal, para lo cual presuntamente hay la intención de dar de baja a la mayor parte de los agentes en activo.
Dijo que el gobierno de Américo Villarreal Anaya no puede hacer un borrón y cuenta nueva, y correr a todos los agentes de la Policía Estatal, porque hay elementos muy valiosos, capaces, que se certificaron y a los que no puedes decirles solamente, gracias.
La verdad, si sería un despropósito de la administración entrante deshacerse de todos los policías. Primero, porque no puede darse por hecho que todos los policías son malos; y segundo, porque no van a hallar quien los supla.
El trabajo de Policía es uno de los más despreciados por la sociedad.
ASI ANDAN LAS COSAS.






