El nombre de Omar Hamid García Harfuch, hoy por hoy, inevitablemente, conduce a la reflexión de múltiples códigos políticos, múltiples dimensiones y un sinnúmero de implicaciones.
Como inicio de nuestras reflexiones sobre el funcionario federal que ya se decodifica como la imagen encarnada y “símbolo” de la seguridad nacional, desde su designación misma como Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de nuestro país.
La historia refiere, de manera constante y categórica, que García Harfuch representa el hombre de mayor confianza de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo.
Y si alguien lo duda un ápice, basta con mencionar y recordar la reforma constitucional y legal reciente, precisamente, con el fin de incrementar y fortalecer las facultades de la, por muchos, denominada“súper secretaría”, de la cual Harfuch es el titular.
El caballero de la seguridad nacional, por tanto, se muestra en el escenario político como el depositario de toda la confianza de la presidenta de México y en la posición, sin duda alguna, más estratégica del gobierno actual, atendiendo al momento histórico en que se encuentra nuestro país.
Precisamente, desde esa función estratégica ya se da constancia de acciones específicas, como la “Operación Enjambre”; los operativos en Sinaloa; las sesiones del Consejo Nacional de SeguridadPública, como la celebrada esta semana en Acapulco, Guerrero, con la participación de los gobernadores, entre otros.
Lo anterior, constituye la expresión misma de la redefinición de la nuevas políticas públicas en materia de seguridad, muy distantes de las teorías y la narrativa de “abrazos no balazos” que abanderó y distinguió el gobierno federal que nos antecedió, lo cual, refiere que, ahora sí, con determinación se trabaja desde la realidad y desde la sensatez, a fin de recuperar la seguridad nacional.
Por ello, desde la razón misma se impone reconocer que el rostro y nombre de don Omar Harfuch tiene, y tendrá, exposición mediática permanente garantizada y protagónica, pues sus acciones y movimientos poseen anclaje natural, por su incidencia, a los mayores y más exclusivos escaparates locales, nacionales e, incluso, internacionales.
Bajo ese esquema, nadie, ningún actor político de la escena nacional, por mejor estrategia que desdoble e implemente, logrará igualar la presencia mediáticadel titular de la Secretaría de Seguridad Nacional, por lo que sería inútil todo intento en ese sentido, así fuese Gerardo Fernández Noroña, Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal o cualquier otro.
Los resultados en seguridad, tendrán, por sí mismos, voz y eco, que llegarán a cada rincón (por lejano e inhóspito que sea) de la geografía nacional, los cuales tienen nombre y rostro, y está registrado como la figura principal del guión del Segundo Piso de la Cuarta Transformación.
En conclusión, desde el significado mismo de su nombre “Omar Hamid” se nos revela y ya se decreta “la larga vida al elogiado” del ahora Secretario de Seguridad Nacional; de ahí que, por anticipado que parezca, y desde cualquier análisis, se perfila como el candidato natural a la sucesión presidencial.
El tiempo nos platicará.






