Por: Jorge Torres Garza
Hay momentos que no hacen ruido… pero cambian la dirección.
Ayer, el Congreso de Tamaulipas aprobó por unanimidad —30 votos a favor, 0 en contra— la Ley de Salud Mental y Bienestar Psicosocial. Vale la pena reconocer este avance. Durante años, este tema vivió en la periferia de la agenda pública: invisible, incómodo, relegado.
Hoy, por fin, entra al centro.
Este momento no surge de forma aislada. Es resultado de un proceso que ha ido tomando forma en los últimos años: foros, conversaciones, esfuerzos institucionales y el impulso de actores sociales que han insistido en que la salud mental deje de ser un tema secundario.
Vale la pena reconocerlo: en un contexto donde la política suele dividir, este consenso envía un mensaje claro sobre la prioridad del bienestar de las y los tamaulipecos.
Pero no nos confundamos.
Las leyes son necesarias… pero no suficientes.
Una ley puede reconocer un problema, pero no lo resuelve por sí sola. Puede establecer principios, pero no garantiza su vida en la práctica. Puede abrir la puerta… pero no asegura que alguien la cruce.
Y ahí está el verdadero reto.
Porque la salud mental no se construye únicamente en el consultorio. Se construye en la forma en que vivimos, en la calidad de nuestras relaciones, en el acceso a espacios de comunidad, en el cuerpo, en el silencio, en el arte.
Se construye —o se pierde— todos los días.
En los últimos años, hemos visto cómo el estrés, la ansiedad y la soledad han dejado de ser excepciones para convertirse en la norma silenciosa de muchas personas. Frente a esto, seguir apostando únicamente por modelos reactivos es, simplemente, insuficiente.
Necesitamos prevención.
Necesitamos comunidad.
Necesitamos accesibilidad.
Y hoy, también, tenemos herramientas que antes no existían. La tecnología, bien utilizada, puede convertirse en un puente: acercar prácticas, acompañamiento y orientación a miles de personas que de otra forma no tendrían acceso.
Pero nada de esto funcionará si no entendemos algo esencial:
No puede haber salud mental sin entornos seguros, dignos y libres de violencia.
Ese es el cimiento.
Lo demás… es construcción.
La aprobación de esta ley no es el final de una lucha. Es el inicio de una responsabilidad compartida entre gobierno, sociedad civil y comunidad.
El bienestar no se decreta.
Se construye.
Rola del día: Awake de Tycho https://www.youtube.com/watch?v=ziAqB9nb_To






