Ciudad de México.- El ataque en el Colegio Antón Makarenko, en Michoacán, donde murieron dos docentes, reabre el debate sobre la violencia juvenil, más allá del impacto inmediato y mediático.
El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia advirtió que cuando la violencia entra a las aulas, no solo vulnera la seguridad escolar, sino que compromete el desarrollo de estudiantes y el futuro del país.
El organismo expresó preocupación por el acceso de un adolescente a un arma larga de alto poder, lo que obliga a cuestionar las redes de circulación de armamento en México.
Subrayó que este hecho no puede considerarse aislado, sino parte de un contexto donde niñas, niños y adolescentes quedan expuestos a entornos de riesgo que favorecen conductas violentas.
Tras manifestar condolencias, el organismo insistió en que la escuela debe ser un espacio seguro, libre de violencia, donde el aprendizaje y la convivencia sean posibles.
Advirtió que normalizar la violencia en entornos escolares genera consecuencias profundas, al permitir que nuevas generaciones crezcan en contextos donde la agresión se vuelve cotidiana.
Señaló que enfrentar esta problemática requiere ir más allá del caso específico y atender causas estructurales como la desigualdad, la falta de oportunidades y la debilidad de redes de protección.
El organismo sostuvo que la violencia armada no puede explicarse desde una sola causa, sino que exige acciones integrales que fortalezcan entornos protectores y el desarrollo emocional desde edades tempranas.
En este contexto, respaldó el llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum para analizar el fenómeno de fondo y ofreció colaboración en tres ejes estratégicos para atender la problemática.
El primero contempla reforzar la prevención en escuelas mediante protocolos de seguridad, capacitación docente y promoción de habilidades socioemocionales entre estudiantes para fomentar la convivencia pacífica.
El segundo eje plantea diseñar estrategias de acompañamiento psicosocial para adolescentes en riesgo, incorporando enfoques de género que permitan entender y atender las causas profundas de la violencia.
El tercer componente propone impulsar una cultura de paz desde el hogar, mediante crianza positiva, diálogo y valores que posteriormente se refuercen en la escuela y la comunidad.
La Universidad Autónoma Metropolitana también llamó a fortalecer permanentemente la cultura de paz, promoviendo el diálogo, la inclusión y el cuidado colectivo dentro de los espacios educativos.
Desde la sociedad civil, Juan Martín Pérez sostuvo que el asesinato de las maestras no puede interpretarse como un hecho aislado, sino como parte de una problemática estructural más amplia.
Advirtió que la violencia incel no es una expresión de adolescencia radical, sino una manifestación del machismo estructural, la normalización de la violencia y fallas institucionales persistentes.
Recordó que no es un caso único, al citar el hecho ocurrido en septiembre de 2025 en el CCH Sur de la UNAM, donde un estudiante asesinó a un compañero e hirió a un trabajador.
Señaló que estos episodios se inscriben en un contexto marcado por desigualdades, modelos de masculinidad violentos y discursos de odio que circulan con fuerza en plataformas digitales.
Advirtió que el Estado no solo debe investigar estos hechos, sino comunicar con responsabilidad, evitando difundir información sensible que involucre a adolescentes y que pueda generar mayores riesgos.






