Barcelona.— Dirigentes de derecha y ultraderecha en España arremetieron con dureza contra la cumbre de líderes progresistas, utilizando calificativos ofensivos y descalificaciones que tensaron el ambiente político en torno al encuentro.
Expresiones como “aquelarre comunista”, “narcoestados” y señalamientos de promover pobreza y crimen organizado marcaron el tono de las críticas, elevando el nivel del discurso y polarizando aún más el debate público.
Ante esta escalada verbal, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ofreció disculpas públicas, subrayando que la sociedad española no se identifica con ese tipo de expresiones y mantiene una vocación abierta y respetuosa.
Desde el gobierno regional de Madrid, Isabel Díaz Ayuso cuestionó la legitimidad de algunos países participantes, al acusarlos de no garantizar libertades democráticas ni el respeto a instituciones fundamentales.
La mandataria conservadora advirtió que ciertos asistentes, según su postura, impulsan agendas populistas y confrontativas, además de fomentar divisiones sociales y discursos que remiten a conflictos ideológicos del pasado.
En la misma línea, voces de la ultraderecha como el eurodiputado Hermann Tertsch intensificaron los ataques, calificando el encuentro como una reunión de actores vinculados a intereses criminales y redes políticas cuestionadas.
Las declaraciones provocaron una ola de reacciones y críticas, tanto por el lenguaje utilizado como por el impacto diplomático que podría generar en medio de un foro internacional.
Durante una conferencia conjunta con el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, Sánchez reiteró que España mantiene una tradición de hospitalidad y respeto, distante de los señalamientos vertidos por sectores opositores.
El episodio exhibe el clima de confrontación política que rodea a la cumbre, donde el debate ideológico ha derivado en descalificaciones que trascienden el ámbito interno y alcanzan dimensión internacional.




