La elección por la dirigencia estatal del PAN en Tamaulipas dejó de ser un simple relevo interno. Hoy se perfila como una disputa de grupos, de supervivencia política y de control rumbo al 2027.
Acción Nacional, llegará por primera vez a una presidencia encabezada por una mujer, pero detrás de las candidaturas también se mueven estructuras, intereses y viejas corrientes que se niegan a desaparecer.
Gloria Garza, decidió acompañarse de César Verástegui Ostos como secretario general del Comité Directivo Estatal, enviando una señal clara de operación política, estructura territorial y experiencia electoral, sin pasar por alto que fue candidato a gobernador en el 2022 y que si gana esta posición, buscará la candidatura en el 2028.
Del otro lado aparece Omeheira López Reyna, ex magistrada, quien integró en su fórmula a Ismael García Cabeza de Vaca, una decisión que dividió opiniones dentro del panismo tamaulipeco.
Y es precisamente ahí donde empieza el verdadero problema para esa corriente.
La presencia de Ismael no representa renovación. Representa el regreso de un grupo político desgastado, señalado por haber convertido al PAN en una estructura cerrada, de control y exclusión.
En vez de sumar, podría convertirse en un factor de desgaste electoral interno, porque una parte importante de la militancia todavía no olvida cómo se ejerció el poder en los últimos años.
A este escenario se suma una tercera ruta: la de Zamira Guerrero, militante de Matamoros, quien prepara su fórmula y podría convertirse en el elemento que fracture el voto tradicional del panismo.
En ese bloque aparecen nombres conocidos como Ramón Sampayo, José Julián Sacramento e incluso Germán Pacheco, figuras que todavía conservan presencia política en diversas regiones del estado.
Cualquiera de ellos podría convertirse en un contrapeso real dentro de la contienda y, sobre todo, despertar a una militancia que llevaba años atrapada entre acuerdos cupulares y candidaturas decididas desde arriba.
El PAN tiene frente a sí una oportunidad que parecía perdida: reorganizarse, recuperar territorio y reconstruir liderazgo en municipios donde Morena comenzó a mostrar desgaste político y pérdida de confianza ciudadana.
Cabe señalar y el PAN lo sabe que, aunque Morena difícilmente perdería el control total del estado, sí enfrenta señales de desgaste acelerado que la oposición busca capitalizar rumbo a la elección constitucional del 2027.
Por eso, esta elección interna del PAN no será menor.
La militancia tendrá que decidir si continúa bajo el dominio de los mismos grupos que se apropiaron del partido durante años o si realmente apuesta por recuperar la doctrina, los acuerdos y la institucionalidad. Ya suman 25 años del grupo Reynosa en el CDE en Tamaulipas.
Más allá de los discursos, el panismo tamaulipeco llega a esta contienda dividido, desconfiado y todavía atrapado entre el pasado y la necesidad urgente de reinventarse. Pero esta elección, puede ser la oportunidad de cerrarle la puerta a esa división y a ese pasado. En las mujeres está el futuro del PAN en Tamaulipas






