Los militares tienen una particularidad que pocas veces falla: la disciplina no se improvisa. La lealtad tampoco. Son hombres formados bajo reglas donde el error cuesta prestigio, mando y honor.
Por eso, cuando un militar llega al servicio público civil, normalmente traslada esa misma lógica: orden, jerarquía, control interno y obsesión por cuidar las formas y los resultados.
Claro que existen excepciones y casos criticables dentro de las fuerzas armadas, pero son mínimos. No alcanza para construir el discurso simplón de que “todos son iguales”.
Hoy en Tamaulipas ocurre algo que comienza a verse profundamente injusto dentro de la Secretaría de Seguridad Pública y particularmente alrededor del general Carlos Arturo Pancardo Escudero.
Desde que el gobernador Américo Villarreal Anaya lo nombró titular de Seguridad Pública, Pancardo entendió que recibía una estructura golpeada, infiltrada y políticamente desgastada. Aún así decidió entrarle de frente al problema.
No llegó improvisando. Su carrera militar habla por sí sola. Licenciado en Administración Militar por la Escuela Superior de Guerra, con maestría en Defensa y Seguridad Nacional y casi cinco décadas de servicio.
Además, conoce Tamaulipas mejor que muchos políticos locales. Fue comandante de la Octava Zona Militar en Reynosa y aprendió a leer los códigos reales de la inseguridad fronteriza.
Pancardo entiende algo fundamental: combatir la violencia no depende únicamente de patrullas, armas y operativos. También depende de la calidad moral, académica y táctica de los policías que salen a las calles. Y ahí es donde aparece el verdadero problema.
Mientras el secretario intenta ordenar corporaciones, contener crisis internas y sostener operativos complejos, desde la Universidad de Seguridad y Justicia de Tamaulipas que dirige el Rector Jorge Lumbreras, pareciera que le están dinamitando parte del trabajo.
La USJT debería ser el corazón académico de la nueva policía estatal. El lugar donde se formen elementos con preparación jurídica, disciplina táctica y respeto absoluto a los derechos humanos.
Pero hoy, dentro de esa institución, comienzan a multiplicarse las voces que hablan de simulación, maquillaje institucional y deterioro académico que ya preocupa incluso a instructores y ex funcionarios.
Si Jorge Lumbreras Castro tuviera verdadera autocrítica, ya habría entendido que el principal afectado por el deterioro de la Universidad no es él… es el propio secretario de Seguridad Pública.
Porque mientras Pancardo enfrenta emboscadas, traiciones internas y la presión diaria de contener la violencia, desde la academia policial le entregan problemas, rezagos y observaciones delicadas.
Ahí están las revisiones del Comité CALEA y las observaciones relacionadas con protocolos internos, seguridad institucional y certificaciones pendientes que siguen arrastrándose dentro de la Universidad.
Por ejemplo, la USJT no tiene una certificación en materia de Protección Civil, es decir, su persona necesita ser certificado porque, la universidad no cuenta con ninguna medida de seguridad sobre protección del alumnado y de los mismos Cadetes.
Sería gravísimo que alguien intentara maquillar esas deficiencias solamente para aparentar normalidad administrativa o para quedar bien políticamente frente al mando estatal.
Imagínese que el director de Protección Civil le diera esa certificación a la USJT, sin merecerla, pero que requiere para cumplir con una de las 27 observaciones que exige CALEA para certificar a la Universidad.
Entonces no solo se le mentiría al secretario Pancardo. También se estaría poniendo en riesgo la formación real de futuros elementos policiales en Tamaulipas.
Hoy existen ex académicos, antiguos instructores y personal que trabajó dentro de la USJT que lamentan cómo la institución perdió nivel, rigor y visión profesional en muy poco tiempo.
Hablan incluso de ambientes internos marcados por decisiones represivas, discriminación laboral y ausencia de interés genuino por fortalecer la preparación policial que tanto necesita Tamaulipas.
Y eso termina siendo profundamente injusto para un secretario que, guste o no, trabaja bajo una lógica militar donde el orden, la disciplina y la lealtad siguen siendo sagrados.
Porque mientras Pancardo intenta reconstruir la seguridad desde la calle, pareciera que desde adentro y particularmente de la USJT, hay quienes insisten en sabotear silenciosamente el esfuerzo institucional que tanto presume el gobierno estatal.






