Las encuestas anticipadas rara vez definen una elección, pero sí comienzan a perfilar tendencias, medir posicionamientos y exhibir qué actores políticos ya lograron instalarse en el escenario público.
Muchos aparecen arriba porque llevan años acumulando campañas, cargos, reflectores y presencia mediática. Sin embargo, eso no garantiza que mantendrán ventaja cuando inicie realmente la competencia electoral.
A cuatro meses del arranque formal del proceso, todavía falta el elemento que históricamente termina modificando cualquier pronóstico: las alianzas políticas y los acuerdos de última hora.
El tablero cambia completamente si PAN, PRI y Movimiento Ciudadano deciden competir separados o construyen pactos regionales para enfrentar el avance territorial de Morena y sus aliados.
También será clave observar el comportamiento del Partido Verde y del Partido del Trabajo, donde ya comienzan disputas internas por posiciones, candidaturas y control político dentro del oficialismo.
Otro dato que empieza a reflejarse en el ambiente electoral es que la ciudadanía parece menos tolerante con perfiles cuestionados o ligados a escándalos públicos y políticos.
Después de los conflictos nacionales relacionados con seguridad, presuntos vínculos criminales y señalamientos de corrupción, los partidos enfrentan ahora una presión social mucho más severa.
Por eso las dirigencias ya no hablan solamente de “perfiles competitivos”. Ahora repiten conceptos como “honorabilidad”, “buena imagen”, “sin antecedentes” y capacidad de generar confianza pública.
En realidad, las encuestas actuales muestran más un acomodo preliminar de fuerzas políticas que una fotografía definitiva de lo que podría ocurrir en la elección constitucional.
Falta todavía el desgaste de los gobiernos, las fracturas internas, las campañas, los errores estratégicos, las candidaturas oficiales y el humor social que suele cambiar abruptamente.
Las verdaderas definiciones todavía no aparecen en los números. Se están construyendo silenciosamente en negociaciones, estructuras territoriales y acuerdos políticos lejos de los reflectores públicos.
Por cierto, de las empresas encuestadoras más serias y con credibilidad se encuentra Electoralia y Emotegia.
Coello: del narco a la defensa de CDV
Javier Coello Trejo, no fue un fiscal cualquiera. Construyó fama nacional persiguiendo capos del narcotráfico y terminó convertido en abogado de políticos perseguidos por corrupción y desafueros. Ayer murió a los 77 años de edad.
Como jefe antidrogas alcanzó notoriedad tras capturar a Miguel Ángel Félix Gallardo y a Félix Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, símbolo del poder criminal en México.
Coello, representó durante décadas la mano dura del viejo sistema político mexicano, un operador judicial temido que entendía perfectamente los engranajes del poder y la justicia federal.
En sus últimos años apareció nuevamente en el escenario nacional defendiendo al exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca, durante el proceso de desafuero impulsado en 2021 desde Morena.
Recientemente, mantenía su defensa jurídica por las acusaciones que le hizo la FGR al ex gobernador. A la vez, Coello, denunció ante la FGR al gobernador Américo Villarreal y a Santiago Nieto en 2023. Los acusó de confabulación para fabricar pruebas y solicitar órdenes de aprehensión por lavado de dinero y delincuencia organizada.
Detrás de aquella defensa también apareció Roberto Gil Zuarth, sobrino de Coello Trejo, operador jurídico panista que terminó construyendo la estrategia legal para frenar el golpe político.
Hoy Gil Zuarth vuelve al centro de la escena nacional como abogado de la gobernadora Maru Campos, quien enfrenta presiones tras el caso relacionado con presuntas operaciones de la CIA.
El apellido Coello dejó escuela. Entendieron que en México los procesos judiciales también se ganan dominando tiempos políticos, tribunales, opinión pública y las grietas del sistema federal.






