No se trata únicamente de una narrativa impulsada por la oposición. En amplios sectores del país persiste la percepción de que durante el sexenio pasado el crimen organizado amplió su margen de influencia.
La violencia alcanzó niveles alarmantes. Comunidades enteras quedaron bajo control criminal, mientras elementos del Ejército fueron humillados, desarmados, desplazados e incluso asesinados sin consecuencias visibles.
Por eso resulta relevante revisar uno de los capítulos más delicados que expone el exembajador de Estados Unidos, Ken Salazar, en sus memorias.
Las revelaciones contenidas en “Las Fronteras: Mi lucha por un EE.UU. incluyente” vuelven a colocar bajo escrutinio episodios que marcaron la relación bilateral.
La obra será publicada en julio, pero algunos fragmentos ya comenzaron a circular y han generado inquietud tanto en México como en Estados Unidos.
Uno de los pasajes más polémicos gira alrededor de la captura de Ismael “El Mayo” Zambada en julio de 2024.
Según Salazar, un empresario cercano al entonces presidente le transmitió una preocupación que consideró particularmente significativa dentro del contexto político mexicano.
“AMLO es un hombre diferente”, le habría advertido el empresario, identificado en el libro únicamente como “El Susurrador”.
Y añade una frase que inevitablemente provocará debate político durante los próximos meses: “No puede soltar el poder. (AMLO) está muy preocupado por la información que Estados Unidos pueda obtener de ‘El Mayo’”.
Salazar sostiene que esa inquietud estaba relacionada con la posibilidad de que el histórico líder criminal aportara información sobre funcionarios públicos mexicanos.
“Como si el poderoso y arraigado capo del narcotráfico pudiera ‘soltar la sopa’ sobre cualquier cantidad de funcionarios públicos mexicanos”, escribe el exdiplomático.
La gravedad de estas afirmaciones no radica únicamente en su contenido, sino en el perfil de quien las realiza.
No se trata de un opositor mexicano ni de un actor partidista. Se trata del representante diplomático más importante de Estados Unidos en México durante cuatro años.
Por ello, sus declaraciones adquieren una dimensión política que difícilmente podrá ignorarse en los próximos procesos electorales.
El libro también revela el deterioro de la comunicación entre López Obrador y Salazar después de la captura de Zambada.
“Le escribí varias notas privadas a AMLO expresando mis preocupaciones y sugiriendo alternativas a su reforma judicial. Pero al igual que mis otras comunicaciones de ese tiempo, éstas quedaron sin respuesta”.
La relación terminó de tensarse cuando el entonces presidente acusó públicamente al embajador de vulnerar la soberanía nacional por sus posicionamientos sobre la reforma judicial.
“Yo no hablaba para infringir la soberanía de México, ni mucho menos. Había hablado sobre el Estado de Derecho en Estados Unidos y en México”.
Quizás la afirmación más delicada aparece cuando Salazar advierte sobre la infiltración criminal dentro de estructuras gubernamentales y los riesgos para el sistema judicial.
“Era bien sabido que los poderosos cárteles criminales transnacionales mexicanos habían comprometido a muchos funcionarios del Gobierno. Un Poder Judicial electo, sin duda, otorgaría más poder a los cárteles”.
Las memorias de Ken Salazar seguramente provocarán respuestas, desmentidos y críticas.
Sin embargo, también reabren una discusión que sigue pendiente: el costo que tuvo para México la expansión de la violencia, la inseguridad y la influencia criminal durante los últimos años.






