Uno de los momentos políticos que más llamó la atención el viernes 14, ocurrió entre la presidenta Claudia Sheinbaum y Carlos Peña Ortiz, alcalde de Reynosa. Era el primer evento de la gira Presidencial.
La Presidenta encontró en el camino al alcalde de Reynosa, quien permanecía detrás de la valla. Lo saludó con gusto y, desde ese momento, comenzó una conversación particularmente significativa.
Carlos Peña, parecía explicarle un tema en el que Sheinbaum, mostró interés suficiente para pedirle al Presidente Municipal que cruzara la valla, con la indicación de continuar después aquella conversación pendiente. Por eso, se ven los dos, separados del grupo y de la gente.
Y así ocurrió. Sheinbaum retomó la conversación durante aproximadamente seis minutos con Carlos Peña. La información pareció interesarle: escuchó con atención al hijo de la senadora Maki Ortiz.
Quienes presenciaron la escena no lograron descifrar qué información recibió Sheinbaum, pero su comportamiento reflejó atención permanente e, incluso, por momentos, una ligera reacción que parecía expresar cierto reconocimiento.
Desde que la Presidenta de México ingresó a la zona destinada para realizar el evento, el gobernador Américo Villarreal permaneció, durante buena parte del recorrido, varios pasos detrás de ella.
Incluso, el mandatario permaneció conversando con el director nacional del Infonavit. Algo ocurrió, ciertamente, pero no fue contra Carlos Peña; mucho menos cuando Sheinbaum mencionó públicamente al alcalde reynosense.
Entonces se escucharon aplausos, porras y vivas durante el arranque del evento. La respuesta contrastó minutos después, cuando llegó el momento de mencionar públicamente al gobernador Américo Villarreal.
Porque algo ocurrió: cuando pronunciaron el nombre del mandatario —y las transmisiones oficiales pueden revisarse— el público prácticamente no respondió con aplausos e, incluso, pudieron escucharse algunos abucheos entre asistentes.
Podría suponerse que los grupos movilizados por Carlos Peña, hicieron la porra para su alcalde y también el vacío al Gobernador. Pero entonces surge otra pregunta: ¿quién operó para Américo?
La respuesta quedó expuesta en ese momento: nadie. Ni siquiera los cientos de Servidores de la Nación bajo la coordinación de la delegada federal del Bienestar, Lourdes Puente Vizcarra.
La escena resultó fatal políticamente. Puente Vizcarra, exhibió una inexperiencia todavía vigente para operar y respaldar públicamente a quien encabeza el proyecto político de la Cuarta Transformación dentro de Tamaulipas.
Más allá de aquello que pudieron conversar Claudia Sheinbaum y Carlos Peña Ortiz, destacó la atención mostrada por la Presidenta mientras escuchaba al alcalde, sin prisas y durante varios minutos.
Pero también quedó otra fotografía política: la del Gobernador sin respaldo visible. Nadie de su equipo, mucho menos la estructura de Lourdes Puente, consiguió reaccionar oportunamente para acompañarlo políticamente.
Lo dejaron solo. Aquella escena terminó convirtiéndose en un augurio de lo que vendría durante la visita presidencial más extensa, tanto por número de eventos como por días, en Tamaulipas.
Al terminar el evento en Reynosa, el Gobernador continuaba varios metros detrás de Sheinbaum. La propia Presidenta terminó observándolo, le habló y pidió que se trasladara con ella en camioneta.
Si el personal responsable de logística tampoco advirtió esa escena, entonces cometió otro error político grave, comparable con la falta de operación mostrada por Lourdes Puente durante aquel evento presidencial.






