Casi 17 años después de colocada la primera piedra y luego de consumir cerca de 300 millones de pesos sin haber recibido jamás a un solo interno, el nuevo penal de Ciudad Victoria vuelve a aparecer en la lista de las grandes promesas gubernamentales.
Pedro Cepeda Anaya, secretario de Obras Públicas del gobierno de Américo Villarreal Anaya, asegura que ahora sí se retomará la construcción. El proyecto requerirá una inversión superior a los cuatro mil millones de pesos y la intención es poner nuevamente en movimiento una obra que durante años sólo acumuló maleza, deterioro y promesas.
¿Ahora sí será cierto? La pregunta no lleva jiribilla gratuita. Es obligada. Ya hemos escuchado esa película varias veces y, para desgracia de los victorenses, siempre termina igual: anuncios, millones, proyectos, fechas de conclusión y, al final, el penal exactamente en el mismo lugar y exactamente igual de inconcluso.
Eugenio Hernández Flores inició la obra en 2009. Egidio Torre Cantú recibió el problema y tampoco pudo resolverlo. Después llegó Francisco García Cabeza de Vaca prometiendo rescatarla y hasta etiquetó mil 700 millones de pesos para terminarla. Parecía que, por fin, el elefante blanco dejaría de serlo.
Pero Cabeza de Vaca cambió de opinión. De pronto concluyó que había otras necesidades más apremiantes y los recursos terminaron destinados a otros rubros. El penal volvió entonces a su condición natural: concreto abandonado, estructuras expuestas y una excelente escenografía para discursos de campaña.
Por eso, después de tantos años de engaños y aplazamientos, los victorenses tenemos ganado el derecho de desconfiar.
Y ojalá esta vez nos equivoquemos los desconfiados, porque terminar el nuevo penal no es un lujo ni una ocurrencia sexenal. Es una necesidad urgente para Ciudad Victoria. El viejo reclusorio de Tamatán dejó hace muchos años de ser solamente un problema penitenciario para convertirse también en un riesgo urbano.
Ahí están los antecedentes. Motines, fugas, enfrentamientos y episodios violentos han puesto en evidencia una y otra vez la vulnerabilidad del inmueble. Lo peor es que alrededor del penal existen colonias, escuelas, iglesias, oficinas públicas y cientos de familias que, sin deberla ni temerla, viven pegadas a una instalación de alta peligrosidad.
Cada crisis dentro del CEDES revive el mismo temor. Basta una fuga, un motín o una confrontación entre internos para poner en alerta a una amplia zona de la capital. No debería necesitarse otra emergencia para entender que una prisión de esas características simplemente ya no tiene cabida en medio de la mancha urbana.
El gobernador, Américo Villarreal, tiene enfrente una oportunidad que sus tres antecesores dejaron escapar. Si logra concluir el penal y trasladar a los internos hacia instalaciones modernas y alejadas de las zonas habitadas, no sólo habrá terminado una obra abandonada: habrá resuelto una demanda que Ciudad Victoria arrastra desde hace casi dos décadas.
Así que crucemos los dedos, pero mantengamos los ojos abiertos. Que empiecen las máquinas, que fluyan los recursos y que los calendarios se cumplan.
EL RESTO.
Cinco años después de asumir por primera vez la alcaldía, Eduardo Gattás llegó a su quinto informe con una administración mucho más sólida, obras en marcha, cercanía con los sectores sociales y, sobre todo, una relación institucional que le ha permitido gestionar proyectos de enorme trascendencia para Victoria.
Su segundo periodo confirma que el alcalde no solamente logró sortear tiempos políticos complicados, sino que consiguió colocar nuevamente a la capital en la agenda estatal y federal.
Y los números terminan por respaldar ese balance. Al acompañarlo en su informe, el gobernador Américo Villarreal destacó que la inversión estatal y federal destinada a Victoria durante los últimos cuatro años supera los 13 mil 462 millones de pesos.
Ese respaldo, sumado a proyectos como la segunda línea del acueducto y el Fondo de Capitalidad, fortalece el legado de Gattás y lo coloca, después de cinco años de gobierno, en una posición política mucho mejor de la que tenía cuando llegó al Ayuntamiento.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.
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